La voz del sommo poeta

sermonti

La semana pasada murió Vittorio Sermonti. Tenía 87 años y fuera de Italia era un gran desconocido. Escritor, director de teatro, actor, narrador, traductor, periodista a ratos y sobre todo profesor, fue el hombre que sacó a Dante de la oscuridad y lo llevó a las casas de millones de personas en unas larguísimas y legendarias lecturas de la Divina Comedia.

Sermonti no era el mayor especialista en al figura del poeta florentino. No era Sapegno, su gran maestro Contini, Segre o Franco Zeffirelli, ni erudito e innacesible como Auberbach, pero entendía y amaba el texto como ellos y acabó siendo el más conocido y seguramente respetado entre el gran público.

Lo escuchó por primera vez de pequeño, en el salón de casa, en verano, cuando su padre se lo leía en voz alta y se lo explicaba a sus hermanos mayores en la sobremesa. “Le cicale concertavano nel fico, Il fumo della Macedonia di mio padre sbandava rampicando per l’aria, le nostre motosiluranti solcavano invitte il golfo della Sirte, e io, praticamente, non capivo nulla”.

Sermonti, amigo de Pasolini, Bassani, Parise, Garboli, Gassman, Carmelo Bene, hizo que Dante fuera atractivo y accesible con unas lecturas himnóticas, una cadencia perfecta  y emocionante.

Su voz se convirtió en la del Sommo Poeta, haciendo realidad su sueño, el de “permitir a cualquier italiano, dotado con una cultura media, inteligencia y un poco de pasión recorrer el libro más grande jamás escrito en italiano sin interrumpir continuamente la aventura” para marearse con las miles de ideas, detalles y teorías que inundan los pies de página de la mayoría de las ediciones.

La Divina Comedia es un libro complicado, duro. Los versos más hermosos que se han escrito, la perfección pura de un lenguaje propio y digno del paraíso, transportan un texto erudito, denso, cargado de nombre, disputas, historia y mito. La Commedia no es un libro fácil, pero Sermonti lideró la Reforma para permitir que la palabra del poeta llegara, sin intermediarios, a los italianos.

En Italia, Dante es Dios. La Divina Comedia se lee, se explica, se interpreta y se estudia. Se escucha hasta en el espacio. En mi colegio teníamos una asignatura específica sobre ella. No era parte de Literatura ni de Lengua. Era la asignatura “Divina Comedia”. Tres cursos completos, desde Seconda a Quarta Liceo. Verso a verso, palabra a palabra. Si tenias la suerte de tener a un genio como profesor, y yo la tuve, aprendías más en esa hora semanal que en el resto de tu vida. Miles de historias, de nombres, de odios y rencores. Amores sin par, como el de Francesa y Paolo. Aprendías sobre la Cábala, sobre imperios, sobre libros y pecados.

Sermonti logró devolver el foco a las palabras y el sonido, al mensaje y su contexto. Y triunfó. Y se lo quiso quedar sólo para él.

Logró la combinación ideal entre divulgación y profundidad, entre un análsis fino e incisivo y una explicación capaz de convencer a los profanos. Con una pasión patente y una voz espectacular. Y fijó un límite, la frontera entre lo admisible y la frivolidad,  uno tan arbitrario como cualquiera, dentro de los cánones y aceptado por los sabios.

“Dante è duro e severo e per affrontarlo e farlo capire bisogna essere duri e severi”. Dante es duro y severo y para enfrentarse a él y hacer que se entiende hace falta ser duros y severos”, afirmaba en los últimos años.

Cuando Roberto Benigni lanzó su espectáculo sobre Dante y la Commedia, Sermonti lo recibió bien, con entusiasmo. En 2002, cuando el cómico llevó el Paraiso a la Raiuno, Sermonti dijo que estaba “totalmente a favor de este tipo de divulgación. Más allá de la extraordinaria fuerza comunictiva, lo que me gusta de Benigni es que su lectura de Dante lo traiciona, lo desnuda. Y esto es algo grandísimo. Porque uno sólo se puede medir con Dante arriesgándose al ridículo. Es igual en mi caso: sé que tengo que arriesgarme al ridíciulo”.

Con el tiempo, el profesor cambió de opinión. Benigni triunfó y se convirtió, para los italianos y las nuevas generaciones, en la voz y el alma del Sommo Poeta. Sus espectáculos, porque eso son, congregaron a más de 10 millones de personas ante la televisión para hablar de una obra de principios del siglo XIV, escrita en un italiano arcaico de difícil comprensión. Sobre un mundo ajeno y antiguo, lleno de teología y disputas medievales.

Benigni triunfó y Sermonti cambió de opinión. Acusó al actor de “banalizar a Dante”, y, tristemente, aseguró que “para leer a Dante hace falta un escritor, no un actor, que por muy inteligente que sea y preparado que esté, tiene la tendencia a leer el texto de la mejor forma posible (…) Benigni es un ejemplo emocionante (…) su forma de abordar a Dante es divertida, pero no se pueden decir bravuconaas y obviedades como señuelo para atraer al público. No es un buen serivicio al Poeta y tampoco para los oyentes. Dante es duro y hace falta dureza para entenderlo. Es una operación delicadísima que no se puede hacer así como así”.

Sermonti rescató al Poeta y lo amó tanto que lo quiso volver a encerrar para que no se estropeara y pervirtiera, para que volviera a las aulas y a los especialistas, a los filólogos y el pequeño círculo de dantistas profesionales.

En Italia la Commedia es un tema sagrado que despierta odios atávicos y furia entre los especialistas. Hay una web dedicada a recoger los testimonios de los puristas contra Benigni.

Yo soy muy partidario de sus espectáculos, recitando a Dante o hablando de los 10 mandamientos o la Constitución. Su puesta en escena, su pasión, su velocidad, son una obra maestra que divierte, toca e invita a la lectura. Benigni ama al Poeta y contagia su pasión y reverencia. Lo traiciona, lo desnuda, lo interpreta, lo estruja. Y saca lo mejor de él.

Yo amo la Commedia. La he leído incontables veces y leo todo lo que cae en mis manos sobre ella y su autor, incluyendo análisis impenetrables como el de Auberbach (disponible alguno en Acantilado) . Y cuando escucho recitar “lo maggior corno della fiamma antica”, con la voz de Benigni o la de Sermonti, cuando pienso en Levi o Mandelstam, cuando leo l’orazione picciola, y recuerdo que fatti non ‘fummo’ a viver come bruti,
ma per seguir virtute e canoscenza, me emociono y se me pone la carne de gallina.

 

 

Lecturas de Domingo

Óscar Martínez, Efrén Lemus, Carlos Martínez y Deborah Sontag para The New York Times y El Faro: “Killers on a Shoestring: Inside the Gangs of El Salvador“. The gangs that make El Salvador the murder capital of the world are not sophisticated global cartels but mafias of the poor.

Leer en español

Jesica Hatcher-Moore en The Guardian: “Murder in Burundi: the man who knew too much” .How the killing of three elderly nuns set the country’s leading human rights activist on a collision course with its most powerful general

– David Remnick habla con el presidente en The New Yorker. “Obama Reckons with a Trump Presidency. Inside a stunned White House, the President considers his legacy and America’s future“.

Jefrrey Goldberg en The Atlantic: “World Chaos and World Order: Conversations With Henry Kissinger“. The former secretary of state reflects on war, peace, and the biggest tests facing the next president.

Goldie Tylor en The Daily Beast: “The Search for My Father’s Killer“.After my father was murdered in 1973, I spent decades looking for the man who killed him. What I found changed everything I’d believed about him and the life he lived.

Andrey Abrahamian en The Interpreter: “Naypidaw: A city looking for a purpose“. Comprendiendo el cambio de capital en Birmania.

Steve Twomey en The Smithsonian: “How (Almost) Everyone Failed to Prepare for Pearl Harbor“.The high-stakes gamble and false assumptions that detonated Pearl Harbor 75 years ago

Lecturas de Domingo

– Ayer fue el aniversario de la muerte de Isaiah Berlin. Letras Libres recupera alguna de sus mejores artículos sobre él. Como éste de Mark Lilla: “Isaiah Berlin contra la corriente“. Leyó con originalidad a pensadores marginales; advirtió motivos intelectuales entre autores de épocas distintas; estudió, más que los éxitos, los fracasos de los filósofos. Berlin, a través de sus retratos intelectuales, creó una ciudad letrada en la que podemos volvernos más sabios. Otro bueno es el del propio Krauze: “El profeta Isaiah“: Y una magnífica charla entre Margalit, GArton ASh y Silver sobre “Ética y poder: la larga sombra de Maquiavelo“, a partir de la interpretación que hizo Berlín de él.

Seth J. Frantzman tiene un texto interesantísimo sobre The American Jewish community and the myth of Ari Shavit, a raíz del escándalo destapado en las últimas semanas que ha terminado con la carrera del periodista por varios casos de acoso o agresión sexual. A mí el libro (My promised land) me encantó, pero la crítica me resulta muy estimulante. Vía Álvaro Quintana.

Laura Millán Lombraña en El Confidencial: “Colonia dignidad, el lugar más siniestro del mundo“.

Dexter Filkins en The New Yorker: “Turkey’s Thirty-Year Coup. Did an exiled cleric try to overthrow Erdoğan’s government?“. Muy completo.

James B. Stewart también en The New Yorker. Una historia precisa e increíble de 2002 que merece la pena rescatar. “The Real Heroes Are Dead. A love story“. Vía @pablomediavilla

Anna Heyward en The New Yorker, claro. “The Opposite of a Muse“. In the course of two decades, a medical secretary in Paris persuaded scores of renowned photographers to take her picture. Fascinante historia de una mujer, normal y corriente, insistente hasta límites insospechados, que ha logrado ser retratada por decenas de fotógrafos de talla mundial.

Kathy Gannon para AP: “I had to:” Inside the mind of an ‘honor’ killer in Pakistan. Vía Víctor Olazabal. Terrible y descorazonador. Mató a su hermana, a la que quería y había criado, porque no soportaba los comentarios de sus amigos y vecinos, de “amigos” que todavía hoy se ríen y bromean sobre lo fácil que puede hacer que perdiera la cabeza. El estómago se cierra al leer sobre la rabia, la ira, del padre de ambos, que todavía no ha perdonado… a su hija.

Kate Connolly en The Guardian: “Joseph Goebbels’ 105-year-old secretary: ‘No one believes me now, but I knew nothing’. Brunhilde Pomsel worked at the heart of the Nazis’ propaganda machine. As a film about her life is released, she discusses her lack of remorse and the private side of her monstrous boss

– Extraordinaria columna de Simon Kuper en el FT del fin de semana: “The long shadow of 1989.‘Merkel, Putin, Orbán and Kaczynski were all shaped by the 1989 revolutions’

– Lo explica David Wong en Cracked y da bastante rabia. 7 Reasons So Many Guys Don’t Understand Sexual Consen. Vía Olga Rusu

– Y para terminar, la explicación de por qué los ingleses juegan al fútbol de la forma en lo que lo hacen y de quién es la culpa. How One Man’s Bad Math Helped Ruin Decades Of English Soccer. Vía Antonio Villareal

You forget everything inside that country

A finales de la semana pasada murió Sydney H. Schanberg. El nombre probablemente no les dirá nada. Era periodista. Entró en The New York Times como copy boy en 1959 y apenas 10 años después fue nombrado corresponsal, en la India primero y después cubriendo el sudeste asiático.

Su obituario lo ha escrito Robert D. McFadden, otra leyenda: Sydney H. Schanberg Is Dead at 82; Former Times Correspondent Chronicled Terror of 1970s Cambodia.

Seguramente su historia les resulte más familiar si recuerdan Los gritos del silencio (The Killing Fields), la película de Roland Joffé, con Sam Waterston de protagonista.

Schanberg, que cubría la Guerra de Vietnam, viajó a Camboya muchas veces desde 1970. En  1972 conoció a Dith Pran, y le cambió la vida. Pran era un joven nacido en la provincia de Siem Reap, la de los templos de Angkor Wat. Aprendió francés en el colegio e inglés por su cuenta. Cualquiera que haya visitado la zona podrá contar casos similares,  de guías y conductores de tuk tuk que son capaces de comunicarse con turistas de medio mundo gracias al inglés juntado con frases de aquí y de allí.

Pran trabajó más duro. Logró empleo como intérprete para el United States Military Assistance Group, y cuando las relaciones diplomáticas de ambos países estallaron, en 1963, se ganó la vida traduciendo para todo tipo de empresas. Por ejemplo, para el equipo que grababa Lord Jim, con Peter O’Toole a la cabeza.

Schanberg y él se hicieron amigos y el joven camboyano era tan bueno que consiguió trabajo fijo, con sueldo mensual, un año después. Cuando las defensas de Phnom Penh cayeron, Pran mandó a su familia fuera, logrando que se instalaran en EEUU. Pero él se quedó con Schanberg y eso casi le cuesta la vida.

Con la llegada del ejército a la capital derrotada el caos fue inmediato. El corresponsal quiso quedarse y casi de inmediato fue detenido junto a un colega de The Sunday Times. Los soldados, sin instrucciones concretas y eufóricos por la victoria, los iban a fusilar. Los metieron en un coche y se los iban a llevar. Ordenaron al fixer y a los conductores que se fueran, pero Pran no lo hizo. Arriesgando su vida se quedó y trató incansablemente de convencer a los jovencísimos e irascibles soldados. Logró meterles la duda, pidieron órdenes y tras unas horas de tensión absoluta fueron liberados.

El 17 de abril de 1975 la poquísima prensa internacional que quedaba en el país se refugió en la embajada francesa. Pocos días después, sin embargo, los locales fueron expulsados de la zona segura y obligados a volver a las calles, a pesar de la sistemática persecución.

Schanberg no se lo perdonó jamás. La diplomacia francesa fue tajante, porque no tenía muchas más opciones. Todos los camboyanos tenían que irse, aunque sus maridos, mujeres o hijos de matrimonios mixtos siguieran ahí. No había opciones de dejar el país para traductores, asistentes y sus familias .Ni para Pran. El periodista del NYT cuenta cómo apenas pudo dar 1.000 dólares en efectivo a sus dos conductores y 2.600 a su amigo para que intentara sobrevivir a base de sobornos. Se lo explicó, lloraron y lo entendió. Una mañana dejó la embajada. Ambos estaban seguros de que era su condena.

Durante cuatro años Pran sobrevivió disimulando. Haciéndose pasar por taxista. Yendo de corto, sin zapatos, sucio. Sin levantar la voz. Fingiendo no tener ningún tipo de educación para no ser ejecutado con otros cientos de miles. En las peores épocas tuvo que vivir con una cuchara de arroz al día. Su padre murió de hambre en 1975. Su hermano fue asesinado por tener estudios. Él logró resistir a pesar de varias palizas casi mortales. Y después de la invasión vietnamita logró escabullirse y cruzar a Tailandia.

Lleno de heridas, delgadísimo, con los dientes podridos y sin fuerzas siquiera para abrir una botella.

“When he had difficulty yesterday getting the top off a bottle of orange soda, a friend teased him, saying he could not do it because he had lost all his strength. “Nothing to do with strength,” he said. “I just don’t know how to do it any more. You forget everything inside that country.”

Allí le esperaba su amigo. El 12 de octubre de 1979 publicó esta extraordinaria crónica en el periódico: Cambodian Reporter Who Fled ‘True Hell’ Tells of 4‐Year Ordeal. Un texto perfecto que lo cuenta todo, sin estridencias ni adornos. Describiendo uno de los horrores más inimaginables del siglo XX. Leedla, recomendadla, enlazadla. Enseñadla en las facultades.

El 20 de enero de 1980 Schanberg  publicó otro reportaje increíble:The Death and Life of Dith Pran, A Story of Cambodia (PDF). La muerte y vida de Pran, que se convertiría en un libro y después en la película. Las primeras páginas del libro las podéis leer en este PDF. La web oficial, aquí.

Pran, tras escapar, viajó a EEUU. Su amigo le consiguió un trabajo como fotógrafo para el propio NYT. Se reunió con su familia y se divorció. Se casó y se volvió a separar. Se nacionalizó.En 1989 regresó a los campos de la muerte y escribió esto: Return to the Killing Fields. Mucho después, en 2008, murió  de cáncer.

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 Visitar los campos de la muerte de Choueng Ek, a las afueras de Phnom Penh, es casi un deber cívico para conocer y no olvidar. Para intentar entender que en un país de siete milones de habitantes, casi dos millones murieron por la guerra, el hambre y las ejecuciones de un gobierno genocida. Para que en nuestro vocabulario la S21 ocupe lugares junto a Treblinka o Kolyma.

Pol Pot y la ingeniera social más salvaje y destructiva querían un país, una sociedad nueva. Una pesadilla imposible. Los jemeres rojos tenían una idea, esa idea contra la que Berlin nos previno:

“Let me explain. If you are truly convinced that there is some solution to all human problems, that one can conceive an ideal society which men can reach if only they do what is necessary to attain it, then you and your followers must believe that no price can be too high to pay in order to open the gates of such a paradise. Only the stupid and malevolent will resist once certain simple truths are put to them. Those who resist must be persuaded; if they cannot be persuaded, laws must be passed to restrain them; if that does not work, then coercion, if need be violence, will inevitably have to be used—if necessary, terror, slaughter. Lenin believed this after reading Das Kapital, and consistently taught that if a just, peaceful, happy, free, virtuous society could be created by the means he advocated, then the end justified any methods that needed to be used, literally any”.

Querían que se olvidara todo dentro de ese país. Mataron a dos millones de personas, pero no lo consiguieron. Intentaron que Pran lo olvidara todo con amenazas, hambre y torturas. No lo consiguieron tampoco.

A nosotros, afortunados, nos queda hacer todo lo posible para que ni ellos ni nadie olvide jamás lo que hicieron, lo que intentaron y el daño que provocaron los jemeres en Camboya. Schanberg  y Pran se quedaron sobre el terreno cuando la muerte llamaba a la puerta y gracias a su esfuerzo, a su sacrificio, conocimos lo que pasaba.

Lo mínimo es tampoco olvidarlos a ellos. Nunca.

Lecturas de Domingo

Declan Walsh en el NYT: What I saw in Syria. A reporter’s photographs
and cellphone videos from a road trip in one of the world’s most violent war zones.

Robert Manne en The Monthly:  The mind of the Islamic State. An ideology of savagery.

John Knelfel en Village VoiceA Hello to Arms: A New Generation of Steely-Gazed Anarcho-Communists Head Off to Syria. La historia de Guy y Hristo.

Ariel Saber en The AtlanticThe Unbelievable Tale of Jesus’s Wife. A hotly contested, supposedly ancient manuscript suggests Christ was married. But believing its origin story—a real-life Da Vinci Code, involving a Harvard professor, a onetime Florida pornographer, and an escape from East Germany—requires a big leap of faith. Una historia alucinante y una investigación periodística para quitarse el sombrero. Espectacular, concienzudo, profundo e incansable el trabajo de Saber. Lean, lean. Vía Daniel Capó.

Robert Booth en The Guardian.  How did one of the worst paedophiles in history get away with his crimes? For more than 40 years, William James Vahey drugged and abused hundreds of pupils at international schools around the world. A Guardian investigation reveals that, despite numerous opportunities to stop him, nothing was done.

Alex Morris en el NY Magazine: Like sister, like brother.  Felix used to be known as Justine, Jeena’s sister. Jeena used to be known as James, Felix’s brother. It all gets a little complicated when trans runs in the family.

Octavio Medina en Jotdown: Los oráculos como institución. Un buen intento, pero no compro.

–  Patrick Iber y Mike Konczal en Dissent MagazineKarl Polanyi for President. Vía Josu Mezo

Antonio Martínez Ron en Voz Populi:  Plasticidad a la carta para salvar cerebros. Un equipo de médicos españoles prueba con éxito un sistema para operar tumores cerebrales considerados inoperables porque afectan a áreas funcionales. La técnica pionera consiste en cambiar las funciones de sitio para poder intervenir. La capacidad de reorganizar el cerebro abre un universo de posibilidades.

Corin Throsby en el TLS: Byron Burning.

Buen domingo a todos

Lecturas de Domingo

– N. R. Kleinfield en The New York Times: “Fraying at the edged“. A withered person with a scrambled mind,memories sealed away: That is the familiar face of Alzheimer’s. But there is also the waiting period, which Geri Taylor has been navigating with prudence, grace and hope. Quizás el reportaje más largo del año. Más de 20 meses de trabajo de uno de los periodistas más reputados del NYT documentando el deterioro de Geri Taylor. Se puede leer también en español:  Los hilos de una vida que se desvanece: una mujer pone luz a la oscuridad del Alzheimer.

 – Shaun Walker tn The Guardian: “The day we discovered our parents were Russian spies“. For years Donald Heathfield, Tracey Foley and their two children lived the American dream. Then an FBI raid revealed the truth: they were agents of Putin’s Russia. Their sons tell their story. ¿Os recuerdo mucho a The Americans? No es casualidad…

– William Kremer en la BBC: “The cave divers who went back for their friends“. En febrero de 2014 un grupo de expertos buceadores finlandeses fue a explorar una cueva en Nnoruega. Una operación complicada, de horas de duración. Y peligrosa. Dos de ellos nunca volvieron a casa. En la pieza, la BBC cuenta la historia de este grupo de amigos y de cómo los supervivientes volvieron un año después a intentar rescatar los cuerpos de sus amigos. Hay un documental sobre ello que acaba de salir: Diving into the unknown

– Cologne four months after the fact. Brutal esto en De Correspondent. Han puesto a dos periodistas a tiempo completo a investigar qué paso en Colonia en Año Nuevo. Los datos son brutales: al menos 13o agresores (sólo 31 identificados), mas de 1.200 víctimas. Y aquí su trabajo detalladísimo tras hablar con testigos, víctimas, policías a investigadores. En varias piezas:

Time for the facts. What do we know about Cologne four months later?

Minute by minute. This is what happened in Cologne on New Year’s Eve

News after the fact. Reporting on New Year’s Eve in Cologne, with hindsight

– Maurice Chammah: en Guernica Magazine: My father¡s Aleppo“. A Syrian Jew’s exodus and return.

Tim Parks en T Magazine:  “One of Florence’s Oldest Families and Its 600-Year Archive“. The Corsinis kept a record detailing their every decision — and every ledger, bill and correspondence they ever produced. Alucinante.

Fernando Múgica (1946-2016)

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ULISES

Ayer, al borde de los 70, murió Fernando Múgica. Me enteré muy tarde, después de cenar. Había estado fuera, bastante desconectado. Y me puse a llorar.

Yo lloro muy poco y Fernando no era un amigo cercano, pero la tristeza que sentí fue infinita.

Es difícil explicar. Si leéis los muchos artículos que se han publicado en las últimas 24 horas (los enlazo abajo), los comentarios en Twitter o Facebook de sus colegas, amigos o alumnos encontraréis en casi todos tres ideas: que siempre sonreía, que era buena persona y que tenía una pasión desbordante.

Las tres son rigurosamente ciertas. No he conocido nunca a nadie, de cualquier edad, con tanta pasión, tantas ganas. Siempre con una o dos o tres cámaras de fotos encima, más que dispuestos a prestarlas.

Observador incisivo y hombre despistado, caótico, desordenado y tremendamente atento y generoso. Si lo veías una vez pensabas que era o un genio despistado o un niño en cuerpo de hombre. Si lo veías dos veces dudabas. A la tercera te había ganado para siempre.

Yo lo conocí hace 10 años, en el Master de El Mundo. Era profesor de fotografía, o algo parecido. De fotografía no recuerdo que me enseñara nada, pero de mirar, todo. No perdió un minuto en hablar de técnica, de máquinas. Era todo la mirada, el buscar, el ver. Y logró llegar, como nadie, a un grupo de veinteañeros cínicos.

Yo quería hacer las prácticas en Internacional, lo que siempre me había apasionado. No estudié periodismo y mi único vínculo eran los muchos libros de corresponsales, de guerras, de reporteros que tenía en casa. De gente exactamente como él. Tenía una idea idiota en la cabeza de cómo debían ser y alguien tan afable, cariñoso, cercano no encaja mucho.

La primera vez pensé que era una gloria venida a menos, cargado de historietas y batallitas. No podía estar más equivocado. Desde ese día y cada vez que me crucé con él me demostró que era jodidamente listo, que no se le escapaba nada. Tenía una capacidad de comprender lo que sucedía, la big picture (pun intended).

Fernando tenia también muchos pájaros. Había días que parecía que tenías delante a JJ Benitez, su amigo de la infancia. Durante los últimos ocho años cada vez que nos encontrábamos me hacía un saludo militar y guiñaba el ojo. Un día me vio haciendo deporte cerca del periódico, con el pelo rapado, y jamás pude convencerle de que yo no era parte de los servicios de inteligencia de Israel. Jamás. Se cuadraba, guiñaba un ojo y se despedía con “shalom”.

En 2006, acabando la parte teórica del Master, yo quería ir a Internacional y él me lo desaconsejó, por decirlo de forma suave. Me dijo que cometería un error inmenso y me arrepentiría el resto de mi vida. Que yo tenía que ir a Opinión. Sin muchas más explicaciones. No entendí nada, no tenía ningún sentido. Parecía una boutade aleatoria de alguien ya de salida, desconectado del día a día de una redcción.

La semana siguiente me lo volvió a repetir. Y se puso pesado, hablando incluso con la gente del Master directamente. El cabrón lo tenía clarísimo y acertó de lleno.

Me lo dijo tiempo después. Vio que era un listillo y que iba a chocar con la gente de su sección, con los suyos. Los conocía bien. Sabía que yo necesitaba una cura de humildad, de paciencia. Y necesitaba entender cómo funciona un periódico, una redacción, y que eso no lo iba a entender en Internacional. Y fue así. De haber ido a Internacional es probable, casi seguro, que yo no estaría ahora aquí en Bruselas como corresponsal del periódico. Fernando, en un instante, lo vio claro y me cambió la vida.

Ayer por la noche mi amigos y compañeros lloraban por él igual que yo. Literalmente. Es difícil de explicar porque casi ninguno era amigo cercano. Pero Fernando era la bondad, la sonrisa, la alegría. La pasión absoluta por el periodismo, por estar donde pasan las cosas y contarlas. Por ser testigo y compartirlo. En Vietnam, Sierra Leona, un charco en el centro de Pamplona o la banda de un estadio de fútbol.

Lo decía ayer Rojas: “De Fernando Múgica copiaba hasta la manera de abrocharse el zapato. Lo veía por la redacción y me decía: “Yo quiero ser como ese tipo”. Alto, guapo, elegante. Con una carrera larga, completa. Para entenderlo bien tenéis que leer a Errea y a Edu.

Cuando te quejabas de los horarios, del sueldo, de un madrugón, de un bronca del jefe siempre respondía lo mismo entre risas: “¿No querías ser periodista”. No deja de ser una maldita ironía que nos deje en medio de un ERE. De otro.

Que a un periodista le recuerden por su trabajo, por sus fotos, sus reportajes, supongo que es lo mejor que le puede pasar. Que te recuerden entre lágrimas tus compañeros, los que no eran siquiera amigos muy cercanos, yo creo que dice mucho más. Por su fuerza, su pasión, su sonrisa. Por esa mirada contagiosa. Porque era uno de los últimos del mundo de ayer.

Sit Tibi Terra Levis

Javier Errea, que es su sobrino, en su blog sobre “Fernando Múgica“.

Eduardo Suárez en Medium: “Es mágico que esté todo por hacer“.

José Aymá en El Mundo: “Un fotógrafo que sabía mirar“. De profesional a profesional.

Lucía Méndez el sábado en su columna de El Mundo: “Te informo, querido Fernando“.

Mónica García Prieto también en El Mundo: “Siempre nos quedará Kabul“.

Iñaki Gil y Juan Carlos Laviana: “Reportero, ‘gentleman’ y buena persona“.

Iñaki de nuevo en Crónica el domingo: “Últimas tardes con Fernando“.

Pedro J. Ramírez  en El Español: “La leyenda de Fernando Múgica“.

Pedro Gª Cuartango en El Mundo: Retorno a silos.

J. J. Benitez en El Mundo: “Compañeros de pupitre y oficio“.

Arturo Pérez Reverte en Zenda: “Alto, rubio y tranquilo“.

Alberto Rojas en El Mundo: “El último reportero clásico“. Con los testimonios de corresponsales de guerra como él.

David Jiménez en su carta del domingo: “El reportero que habría plantado a Lana Turner“.

 Vicente Romero en El Mundo también: “Un periodismo que se muere“.

Fernando Baeta en El Español: “El último periodista“.

Agustín Rivera, en su blog, recuerda al “Escuchador de historias“.

Federico Jiménez Losantos le dedicó el arranque del programa del viernes de Es Radio.

El 11-M me ha costado la vida“, una entrevista que le hizo Lorena G. Maldonado

Luis del Pino en Libertad DigitalFernando Múgica, in memoriam

Javier Somalo, también en LD: “Fernando Múgica, la duda y la ilusión“.

Vicente Lozano en Medium: Mi último recuerdo de Fernando Múgica

María Ramírez en El Español: Las cerezas

Alberto D. Prieto en Ok Diario: Un reportero de película.

Un “In memoriam” de Ana María de Luis Otero en Periodistas en español

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RICARDO

VÍDEO:

Fernando Múgica, periodista, maestro, amigo. Algunos de los periodistas de El Mundo evocan recuerdos vividos junto al reportero Fernando Múgica.

MÚGICA EN SUS TEXTOS

Saigón: el bus que nadie quería perder

Los agujeros negros del 11-M

 

La apuesta que aisló a Merkel

How Merkel Has Gambled Away Her EU Power. Muy duro artículo en Der Spiegel sobre la canciller y su apuesta perdida en la crisis de refugiados: “It is yet another incident that demonstrates Merkel’s loss of power. The chancellor has played a variety of roles in Brussels throughout her career. She began as a clumsy novice, but as a result of the euro crisis she ultimately became the most powerful leader in Europe. Now, however, she has isolated Germany in the European Union to a greater degree than any chancellor before her“. (Negritas mías)

– Barry Eichengreen y Charles Wyplosz, sarcásticos como nunca: How the Euro Crisis was successfully resolved.

Sultan Al Qassemi escribe en el Middle East Insitute: The Arab World’s Other Migration Problem. “Most Arab societies have become more homogenous over the past few decades. We have lost our Jewish minorities and the number of Christian Arabs is dwindling either due to voluntary or forced migration. Shiite Arabs are assailed on social media and associated with the disruptive behavior of the Iranian regime. By the end of this century, some Arab states may be completely emptied of the few minorities they have today”.

–   Evan Osnos en The New Yorker: Donald Trump and the Ku Klux Klan: A History.

Uber seems to offer better service in areas with more white people. That raises some tough questions.

 

Lecturas de Domingo

Jefrrey Goldberg en The Atlantic escribe el artículo de la semana, del mes y quizás del semestre en política exterior: The Obama Doctrine. The U.S. president talks through his hardest decisions about America’s role in the world. Un texto descomunal, de más de 20.000 palabras, con un acceso extraordinario a las más altas fuentes: el presidente Obama, al que entrevista varias veces a lo largo de seis meses, los últimos secretarios de Estado, jefes de la CIA, Defensa, Seguridad Nacional, primeros ministros extranjeros, asesores, etc. Es un trabajo periodístico fabuloso que a partir de un hecho concreto (el cambio de opinion casi de un día para otro de Obama sobre la intervención en Siria) permite reflexionar sobre su concepción de la política  internacional. Sobre si Obama es un realista o no. Sobre lo que llama the Washington Playbook, ese consenso que se crea en la ciudad entre think tanks, Gobierno, Congreso, expertos y medios de comunicación y que, denuncia Obama, empuja a la presidencia a tomar decisiones que realmente no quiere tomar.Se puede discutir sobre las ideas del texto, sobre las implicaciones o ausencias, pero es un trabajo de esos que uno sueña con poder hacer.

– Por el lado opuesto, Thomas Wright en Politico analiza las (consistentes) visiones de asuntos exteriores del favorito republicano:  Trump’s 19th Century Foreign Policy His views aren’t as confused as they seem. In fact, they’re remarkably consistent—and they have a long history.

Martin Chulov desde Bagdad en The Guardian:  Post-war Iraq: ‘Everybody is corrupt, from top to bottom. Including me‘ A corrupt political class has led a 13-year pillage on public money in the pursuit of power. As oil prices fall, further jeopardising the country’s revenues, there is little hope that governance will improve.

Mariangela Paone, en El Español, desde Grecia: Bebés en el barro, abortos espontáneos y madres sin leche: por qué Idomeni es la vergüenza de Europa

Michael Fitzgeral en Nautilus:  How the Mormons Conquered America. The success of the Mormon religion is a study in social adaptation.

Jeff Maysh en The Smithsonian:  The Man Who Sold the Eiffel Tower. Twice. “Count” Victor Lustig was America’s greatest con man. But what was his true identity?

Adam Nossiter en el NYT sobre Alain Finkielkraut:  Once Hopeful for Harmony, a Philosopher Voices Discord in France.

Sudip Bose en The American ScholarThe Sound of Silence. Jean Sibelius and the symphony that never was.

David Laskin en el NYT también: 500 Years of Jewish Life in Venice. A journey into one of the world’s oldest Jewish ghettos, where this year a long, rich history is commemorated.

–  En 1843  Magazine: “Why do we work so hard?  Maybe it’s because work is satisfying. Maybe it’s because we’re trapped. Or maybe, as Ryan Avent suspects, it’s because of a troubling combination of the two

– Y un anónimo en Medium para terminar:  What it’s like to be that fat person sitting next to you on the plane.

 

Cambio, costuras y tropelías turcas

fukushima

Las secuelas de Fukushima cinco años después.

El irresistible atractivo del cambio. Ramón González Ferriz en Ahora sobre el inmenso prestigio del cambio, el impacto en la vida diaria y la democracia, y algunas realidades más profundas.

– Martin Chulov en Bagdad: Post-war Iraq: ‘Everybody is corrupt, from top to bottom. Including me‘. A corrupt political class has led a 13-year pillage on public money in the pursuit of power. As oil prices fall, further jeopardising the country’s revenues, there is little hope that governance will improve.

– En el periódico del fin de semana escribí sobre Las costuras de Europa, la media docena de crisis que amenazan con la tormenta perfecta y por qué debemos preocuparnos.

– Y en el blog de El Mundo, sobre El arte europeo de taparse la nariz y mirar para otro lado, en relación con la crisis de refugiados y a las cosas a las que la realpolitik lleva a la Unión.

– Selkuk Gultasi, corresponsal en Bruselas de Zaman, explica la última tropelía del Gobierno turco: Erdogan, prince of Europe, took my newspaper Zaman.

– Manolo Conthe en su blog de Expansión: El dilema de Sánchez. Desde la psicología social y al más puro estilo Conthe.