Lecturas de Domingo

– Josph Goldstein en el NYT: La rehabilitazión de un neonazi. Aquí en inglés, y recomiendo encarecidamente hacerlo en inglés, la versión española…

– Domenico quirico en La Stampa:“Sono diventato jihadista nelle carceri italiane. Ecco come ci reclutano”. Vía Marco Emergi.

– Linda Rodríguez MCRobbie en The Guardian: “Total recall: the people who never forget“. An extremely rare condition may transform our understanding of memory. Vía Mariangela Paone.

– Lauren Larson en GQ: “The Man Who Cleans Up After Plane Crashes“. Vía Droblo

– Ross Andersen en The Atlantic: “Welcome to Pleistocene Park“. In Arctic Siberia, Russian scientists are trying to stave off catastrophic climate change—by resurrecting an Ice Age biome complete with lab-grown woolly mammoths

– David Epstein en ProPublica: “The DIY Scientist, the Olympian, and the Mutated Gene“: How a woman whose muscles disappeared discovered she shared a disease with a muscle-bound Olympic medalist.

– Amy Ellis Nutt en The Washington Post: “Truth and transgender at age 70“. A couple’s journey through gender-affirmation surgery.

– Alex Finley en Politico: “How the CIA Forgot the Art of Spying“. With the war on terror came a new, more militarized way of gathering intelligence. But now, America needs the kind of spooks who can work the cocktail party circuit—more James Bond, less Jason Bourne.

– Julian B. Gewirts en The American Scholar: “Milton Friedman’s Misadventures in China” The stubborn advocate of free markets tangles with the ideologues of a state-run economy

– Justin Heckert en GQ: “How the World’s Heaviest Man Lost It All“.

Buen domingo a todos

Lecturas de Año Nuevo

The Last Diplomat. As Robin Raphel worked for the State Department in Pakistan, her brand of traditional diplomacy ran into the new realities of covert surveillance. The collision turned her life upside down. Una funcionaria con contactos increíbles y opiniones polémicas o una espía y traidora al servicio de Islamabad?

Graeme Wood en The Atlantic: The American Leader in the Islamic State. John Georgelas was a military brat, a drug enthusiast, a precocious underachiever born in Texas. Now he is a prominent figure within the Islamic State. Here’s the never-before-reported story of his long and troubling journey.

– C. J. Chivers en The New York Times: The Fighter: A U.S. Marine’s long journey, from the war in Afghanistan to an Illinois prison.  The Marine Corps taught Sam Siatta how to shoot. The war in Afghanistan taught him how to kill. Nobody taught him how to come home. Una larga historia de un caso en realidad bastante simple. Un chico introvertido que fue a la guerra y descubrió que disparar se le daba muy bien. Volvió, pero traumatizado. Y un día cometió un error estando borracho. La Justicia fue durísima. El periodista (ex marine como él y claramente implicado) acaba cambiando su vida, con una intervención (y ahora un artículo) que seguramente va más allá de los limites del propio periódico.

Matt Wolfe en The New Republic: The Last Unknown Man. He appeared out of nowhere. He had no name, no memory, no past. He was the only person the FBI ever listed as missing even though they knew where he was. How could B.K. Doe remain anonymous in the modern age’s matrix of observation?

Bryan Denton en TNYT: ISIS Sent Four Car Bombs. The Last One Hit Me.El relato de un fotógrafo norteamericano que acampañaba a una unidad de élite del ejército iraquí durante la operación para la liberación de Mosul. Una comitiva de vehículos y la tensión de ir los primeros, siendo atacados una y otra vez. El cuarto coche bomba, al final, se acerca lo suficiente. Por suerte, Denton y un soldado iraquí sólo tienen heridas superficiales.

Robert Sapolsky en Nautilus Magazine: My Personal Hero: Robert Sapolsky on Rudolf Virchow. Otra vida extraordinaria: When the 19C German physician Rudolf Virchow was not otherwise engaged leading a radical left-wing political party and sparring with Bismarck in the Reichstag, he “basically founded modern pathology”. He also published a “monumental cell biology text” which first named and described conditions including spina bifida and leukemia; accompanied Heinrich Schliemann on archaeology expeditions; and founded Germany’s first anthropological society. “Plus, he had one great beard”.

Michelle Dean en Buzzfeed: The Murder of Munchausen. Dee Dee Wanted Her Daughter To Be Sick, Gypsy Wanted Her Mom To Be Murdered.  Dee Dee Blancharde was a model parent: a tireless single mom taking care of her gravely ill child. But after Dee Dee was killed, it turned out things weren’t as they appeared — and her daughter Gypsy had never been sick at all.

Daphne Merkin en Bookforum: The Trauma of the Gifted Child.The memoirs of Holocaust survivor Saul Friedländer. Una larga reseña de las memorias y de la vida de Friedländer, nacido en Checoslovaquia, criado y escondido en Francia, separado de sus padres (que murieron en Auschwitz), educado en Harvard y uno de los primeros historiadores del Holocausto.

Christopher de Bellaigue: Eton and the making of a modern elite. The world’s most famous school aspires to become an agent of social change; but, as old boy Christopher de Bellaigue learns when he goes back, it is also an increasingly effective way for the global elite to give its offspring an expensive leg up in life

– Y uno más ligero para terminar. David Coward en el TLS: On the trail of the Man in the Iron Mask. No, la másacara no podía ser de acero. Y no, seguramente no era el hermano gemelo del rey, pese a Dumas.

Mis libros del año

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Los últimos 12 meses han sido muy extraños para mí, al menos en lo que a lectura se refiere. Empezó o empecé el año fortísimo, con unas Navidades enfurecidas. Tuve un verano desatado, leyendo cientos de páginas al día durante varias semanas. Una especie de trance, porque no hacía prácticamente nada más en todo el día. Y después, sin ninguna razón concreta, pero varias que supongo que lo explican, no he vuelto a tocar un libro en cuatro meses.

Cero, nada, rien, niente. Desde septiembre hasta hoy, ni un solo libro. No recuerdo algo así que desde los 10 u 11 años. No he tenido ganas, motivación, interés. He leído artículos, cosas online. He seguido leyendo el periódico, The Economist, The New York Review of Books, Ahora (hasta el cierre), Letras Libres o The New Yorker. Pero ningún libro. Ni ensayo, ni novela.

Ni en casa, ni en trens o aviones. No he metido libros en las maletas por primera vez en mi vida. Me preocupa, pero no demasiado, y quizás esto sea un error.

Escoger mis favoritos no me ha resultado fácil. De hecho, había descartado hacerlo, porque me resultaba artificial, una especie de impostura, no sé muy bien por qué. Ahora mismo los libros no me interesan demasiado, así que hacer un post sobre ellos no me sale de forma natural. Anyway, aquí estamos.

Repasando, me salen 53 libros en 2016, básicamente uno por semana. Más que el año anterior, a pesar del blackout de un trimestre entero. La lista completa de lo que he leído la tenéis aquí, con los de los años anteriores (aunque es posible que se me escape alguno). Los que aparecen a continuación están simplemente en orden cronológico, según los fui leyendo, así que no hay jerarquía. Tampoco son libros editados o publicados en 2016. El único requisito ha sido leerlos en los últimos doce meses.

Oliver Sacks: “En movimiento. Una vida”. No creo que sea una sorpresa. He hablado muchas veces de Sacks. Lo conocí por primera vez gracias a Jaime, que me regaló El hombre que confundió a su mujer con un sombrero, en 2002 o 2003. El libro tuvo mucha influencia de varias formas. Primero porque cuando me lo dio, Jaime dijo una frase realmente importante: “Te lo he traído en español porque no sé si lees en inglés”. Él, maldito sea, leía ya en español, catalán, francés, inglés y alemán (y eso si no ha aprendido más ultimamente), e hizo bien. En 2003 yo no leía libros inglés. Y empecé a hacerlo, en buena parte motivado por aquella charla. La segunda, me descubrió a un autor excepcional, sensible, detallista, inteligente. Y humano. Con sus manías, errores, fallos y limitaciones. En movimiento es el recuerdo de una vida plena, complicada, intensa. Llena de problemas y alegrías, de fallos y aciertos. De estudios y halterofilia. De sexo y represión. De amores dolorosos y vergüenza. Disfruté muchísimo, como de toda su obra. Lo echo de menos cada vez que me llegan las publicaciones en las que escribía y sé que nunca más va a estar allí.

Asne Seierstad: “One of us. The story of Anders Breivik and the Massacre in Norway“. Un trabajo periodístico excepcional. Un relato lleno de historias, nombres, detalles. Miles de horas de trabajo, buceando en informes, rastreando amigos y familiares. Un ensayo profundo sobre el asesino, su vida, sus delirios y la concienzuda preparación del brutal atentado. La periodista noruega te lleva durante meses y años de un lado al otro del país, juntando las piezas de un puzzle que apenas hemos llegado a comprender todavía.

Aloma Rodríguez: “Los idiotas prefieren la montaña“. No conozco a Aloma (aunque sí a su hermano, del que también leí este año el estupendo El fumador pasivo y gracias a ambos, casi soy uno más de su familia), jamás había oído hablar de Algora o El niño gusano ni me gustan los bares. La música no tiene importancia en mi vida ni he tenido relaciones de amistad como las que describe. Y a pesar de ello o quizás precisamente por eso disfruté como un niño. No sé escribir así ni abrirme así. Lees las páginas como estuvieras dentro de la habitación o recogiendo el local con ellos al cerrar. No estás dentro, sino al lado. Y sientes, ríes y sufres con ellos.

Joseph Roth: “La marcha Radetzky“. Mi relación con este libro es completamente diferente. Lo había leído hace 20 años, he leído las cartas con Zweig, casi todo Zweig. He leído muchas más cosas de Roth, pero creo que nunca lo había apreciado tan bien como ahora. Será el momento, mí momento, o el de la Europa actual. Roth es un genio. La conexión con el Imperio no es sencilla, hay demasiado tiempo, distancia e idiomas de por medio. Pero es quizás la vez que más cerca he estado.

Angelika Schrobsdorff: “Tú no eres como otras madres“. No es habitual terminar un libro odiando a la protagonista o a las protagonistas. A la madre y a la hija. Destestando su actitud, su egoismo, la frivolidad. Soy cualquier cosa menos un puritano. La parte de la relación especial, o abierta, la convivencia a tres o cuatro, no me escandaliza ni mucho menos, al revés. Me llama la atención y me atrae poderosamente. Mi problema con ellas es más profundo, con su cosmovisión, su comportamiento, su crueldad o maldad disfrazadas de desinterés Y sin embargo, el libro me resultó fascinante, entretenido, sorprendente y brutalmente sincero. La capacidad de la autora de dejarse mal, de presentarse sin tapujos como es, sin remordimientos o pesar, sin miedo a lo que vamos a pensar de ella, es increíble.

Patrick Deville: “Peste & Cólera“. Probablemente el ‘libro del año’ para mí. El que más me ha enganchado, del que más he aprendido, el más diferente y especial. No soy un enorme fan del estilo (de hecho, tras terminarlo compré corriendo otros de Delville, como Ecuatoria, y el resultado no es el mismo). Una biografía novelada como nunca he leído otra. Qué escritura, qué profundidad de análisis, qué maravilla de personaje y de autor. La historia de Alexandre Yersin y los hijos de Pasteur, de un explorador, aventurero y científico que parece de ficción. Bellísima historia, bellísima narración, Salgari, Conrad, Defoe, todos juntos y mejorados. El libro que recomiendo y recomendaré siempre.

Henry Marsh: “Ante todo no hagas daño“. Marsh, médico de enorme prestigio y finísimo escritor, no se esconde. Tiene uno de los trabajos más complicados y delicados del mundo. La vida de miles de personas ha pasado y pasa por sus manos. Como cualquiera, comete errores, pero los suyos matan o dejan en estado vegetal a quienes los sufren. Marsh explica en su libro los límites de la medicima y de los médicos, los problemas básicos de un turno en un quirófano. Y nuestra relación con la vida y la muerte. Con sencillez y honestidad.

Algunos amigos han sido mucho más diligentes que yo.- Aquí tenéis sus recomendaciones:

Ramón González Ferriz

Lara Hermoso

Agus Morales

Bill Gates

The Economist (a diferencia de otros años, sólo he leído ésta y la del FT)

Afortunadamente, Sergio J. Rivas ha hecho una recopilación brutal. Todas las listas posibles, nacionales e internacionales, en su blog.

 

Feliz Navidad y muy feliz Año Nuevo a todos

Lecturas navideñas de domingo

Amanda Gefter en Nautilus: The Man Who Tried to Redeem the World with Logic. Walter Pitts rose from the streets to MIT, but couldn’t escape himself.

Ta-Nehisi Coates en The Atlantic: My President Was Black. A history of the first African American White House—and of what came next. Un largo ensayo. Siempre he tenido muchos problemas para apreciar los artículos de Coates, pese al enorme prestigio que tiene entre gente a la que leo y respeto. Pero éste artículo es fácil de entender y de apreciar. Y la importancia del tema, también.

Reeves Wiedmand en The New York Magazine: “The Sandy Hook Hoax“. Lenny Pozner used to believe in conspiracy theories. Until his son’s death became one. Tristísima historia, dolorosa. La crueldad de los conspiranoicos, los mensajes y acusaciones a familias destrozadas y vulnerables, a las que piden que abran las tumbas para demostrarles que alguna vez tuvieron hijos. Larry era uno de ellos, hasta que si hijo fue asesinado y lo vivió de primera mano.

Cass Sunstein y Richard Thaler: The Two Friends Who Changed How We Think About How We Think. Sobre Amos Tversky, Daniel Kahneman y el libro de Michael Lewis. No entiendo cómo no he leído aún el libro de Lewis. Qué ganas.

Eric Schlosse en The New Yorker con una historia y un montón de datos para no dormir: World War Three, by Mistake. Harsh political rhetoric, combined with the vulnerability of the nuclear command-and-control system, has made the risk of global catastrophe greater than ever. Si tienen problemas de imsomnio quizás no sea la mejor lectura de todas. Y tras lo de ayer de Pakistán e Israel, más.

An 18-year-old said she was attacked at knifepoint. Then she said she made it up. That’s where our story begins. Un historión, un articulazo y una enorme investigación. Brutal .

Alex Spence en Politico Magazine: A split second on Oxford Street.Tom Kearney’s one-man crusade for bus safety is politics at its most personal. En 2009, un ejecutivo de Enron fue golpeando por un autobús en Londres. Casi lo mata. Desde entonces tiene una  cruzada contra los atropellos y su impunidad.

Nobel economist Angus Deaton on a year of political earthquakes. Over trout in Princeton, the laureate says he’s glad the Clinton era is over and it isn’t only Trump voters who feel ‘excluded

William Easterly en Foreing Policy: Democracy Is Dying as Technocrats Watch. Assaults on democracy are working because our current political elites have no idea how to defend it. Wasterly en mi equipo, siempre.

Sergey Ponomarev y Tim Arango en el NYT: For Liberated Iraqi Christians, Still a Bleak Christmas.

Muy Feliz Navidad

La Navidad, para mí, es el dormitorio de casa de mis padres, una luz suave de lámpara y estar rodeado de libros.

Es pensar en mi madrina, la persona que más ha disfrutado las Navidades en la historia, la sonrisa más contagiosa, inocente y sincera del mundo, y llorar un poco.

Es hacer feliz a mamá con un abrazo y cabrear a papá picando la comida y poniéndome siempre en su contra en las discusiones.

Es tener la casa llena de gente y disfrutar estando más solo que nunca.

Son dulces, regalos y canciones.

Es arrancar año nuevo con el Himno de la Alegría.

Es escribir a los que quiero y he querido más.

Son villancicos y la mezcla justa de alegría y tristeza, de diversión y pena.

Es recortar periódicos y ordenado lo que no puede ser ordenado.

Es lamentar lo que no hice por pereza y lo que no haré por desidia.

Es la emoción que provoca una niña a capella.

Es saber que estáis ahí.

Muy Feliz Navidad a todos

 

La voz del sommo poeta

sermonti

La semana pasada murió Vittorio Sermonti. Tenía 87 años y fuera de Italia era un gran desconocido. Escritor, director de teatro, actor, narrador, traductor, periodista a ratos y sobre todo profesor, fue el hombre que sacó a Dante de la oscuridad y lo llevó a las casas de millones de personas en unas larguísimas y legendarias lecturas de la Divina Comedia.

Sermonti no era el mayor especialista en al figura del poeta florentino. No era Sapegno, su gran maestro Contini, Segre o Franco Zeffirelli, ni erudito e innacesible como Auberbach, pero entendía y amaba el texto como ellos y acabó siendo el más conocido y seguramente respetado entre el gran público.

Lo escuchó por primera vez de pequeño, en el salón de casa, en verano, cuando su padre se lo leía en voz alta y se lo explicaba a sus hermanos mayores en la sobremesa. “Le cicale concertavano nel fico, Il fumo della Macedonia di mio padre sbandava rampicando per l’aria, le nostre motosiluranti solcavano invitte il golfo della Sirte, e io, praticamente, non capivo nulla”.

Sermonti, amigo de Pasolini, Bassani, Parise, Garboli, Gassman, Carmelo Bene, hizo que Dante fuera atractivo y accesible con unas lecturas himnóticas, una cadencia perfecta  y emocionante.

Su voz se convirtió en la del Sommo Poeta, haciendo realidad su sueño, el de “permitir a cualquier italiano, dotado con una cultura media, inteligencia y un poco de pasión recorrer el libro más grande jamás escrito en italiano sin interrumpir continuamente la aventura” para marearse con las miles de ideas, detalles y teorías que inundan los pies de página de la mayoría de las ediciones.

La Divina Comedia es un libro complicado, duro. Los versos más hermosos que se han escrito, la perfección pura de un lenguaje propio y digno del paraíso, transportan un texto erudito, denso, cargado de nombre, disputas, historia y mito. La Commedia no es un libro fácil, pero Sermonti lideró la Reforma para permitir que la palabra del poeta llegara, sin intermediarios, a los italianos.

En Italia, Dante es Dios. La Divina Comedia se lee, se explica, se interpreta y se estudia. Se escucha hasta en el espacio. En mi colegio teníamos una asignatura específica sobre ella. No era parte de Literatura ni de Lengua. Era la asignatura “Divina Comedia”. Tres cursos completos, desde Seconda a Quarta Liceo. Verso a verso, palabra a palabra. Si tenias la suerte de tener a un genio como profesor, y yo la tuve, aprendías más en esa hora semanal que en el resto de tu vida. Miles de historias, de nombres, de odios y rencores. Amores sin par, como el de Francesa y Paolo. Aprendías sobre la Cábala, sobre imperios, sobre libros y pecados.

Sermonti logró devolver el foco a las palabras y el sonido, al mensaje y su contexto. Y triunfó. Y se lo quiso quedar sólo para él.

Logró la combinación ideal entre divulgación y profundidad, entre un análsis fino e incisivo y una explicación capaz de convencer a los profanos. Con una pasión patente y una voz espectacular. Y fijó un límite, la frontera entre lo admisible y la frivolidad,  uno tan arbitrario como cualquiera, dentro de los cánones y aceptado por los sabios.

“Dante è duro e severo e per affrontarlo e farlo capire bisogna essere duri e severi”. Dante es duro y severo y para enfrentarse a él y hacer que se entiende hace falta ser duros y severos”, afirmaba en los últimos años.

Cuando Roberto Benigni lanzó su espectáculo sobre Dante y la Commedia, Sermonti lo recibió bien, con entusiasmo. En 2002, cuando el cómico llevó el Paraiso a la Raiuno, Sermonti dijo que estaba “totalmente a favor de este tipo de divulgación. Más allá de la extraordinaria fuerza comunictiva, lo que me gusta de Benigni es que su lectura de Dante lo traiciona, lo desnuda. Y esto es algo grandísimo. Porque uno sólo se puede medir con Dante arriesgándose al ridículo. Es igual en mi caso: sé que tengo que arriesgarme al ridíciulo”.

Con el tiempo, el profesor cambió de opinión. Benigni triunfó y se convirtió, para los italianos y las nuevas generaciones, en la voz y el alma del Sommo Poeta. Sus espectáculos, porque eso son, congregaron a más de 10 millones de personas ante la televisión para hablar de una obra de principios del siglo XIV, escrita en un italiano arcaico de difícil comprensión. Sobre un mundo ajeno y antiguo, lleno de teología y disputas medievales.

Benigni triunfó y Sermonti cambió de opinión. Acusó al actor de “banalizar a Dante”, y, tristemente, aseguró que “para leer a Dante hace falta un escritor, no un actor, que por muy inteligente que sea y preparado que esté, tiene la tendencia a leer el texto de la mejor forma posible (…) Benigni es un ejemplo emocionante (…) su forma de abordar a Dante es divertida, pero no se pueden decir bravuconaas y obviedades como señuelo para atraer al público. No es un buen serivicio al Poeta y tampoco para los oyentes. Dante es duro y hace falta dureza para entenderlo. Es una operación delicadísima que no se puede hacer así como así”.

Sermonti rescató al Poeta y lo amó tanto que lo quiso volver a encerrar para que no se estropeara y pervirtiera, para que volviera a las aulas y a los especialistas, a los filólogos y el pequeño círculo de dantistas profesionales.

En Italia la Commedia es un tema sagrado que despierta odios atávicos y furia entre los especialistas. Hay una web dedicada a recoger los testimonios de los puristas contra Benigni.

Yo soy muy partidario de sus espectáculos, recitando a Dante o hablando de los 10 mandamientos o la Constitución. Su puesta en escena, su pasión, su velocidad, son una obra maestra que divierte, toca e invita a la lectura. Benigni ama al Poeta y contagia su pasión y reverencia. Lo traiciona, lo desnuda, lo interpreta, lo estruja. Y saca lo mejor de él.

Yo amo la Commedia. La he leído incontables veces y leo todo lo que cae en mis manos sobre ella y su autor, incluyendo análisis impenetrables como el de Auberbach (disponible alguno en Acantilado) . Y cuando escucho recitar “lo maggior corno della fiamma antica”, con la voz de Benigni o la de Sermonti, cuando pienso en Levi o Mandelstam, cuando leo l’orazione picciola, y recuerdo que fatti non ‘fummo’ a viver come bruti,
ma per seguir virtute e canoscenza, me emociono y se me pone la carne de gallina.

 

 

Lecturas de Domingo

Óscar Martínez, Efrén Lemus, Carlos Martínez y Deborah Sontag para The New York Times y El Faro: “Killers on a Shoestring: Inside the Gangs of El Salvador“. The gangs that make El Salvador the murder capital of the world are not sophisticated global cartels but mafias of the poor.

Leer en español

Jesica Hatcher-Moore en The Guardian: “Murder in Burundi: the man who knew too much” .How the killing of three elderly nuns set the country’s leading human rights activist on a collision course with its most powerful general

– David Remnick habla con el presidente en The New Yorker. “Obama Reckons with a Trump Presidency. Inside a stunned White House, the President considers his legacy and America’s future“.

Jefrrey Goldberg en The Atlantic: “World Chaos and World Order: Conversations With Henry Kissinger“. The former secretary of state reflects on war, peace, and the biggest tests facing the next president.

Goldie Tylor en The Daily Beast: “The Search for My Father’s Killer“.After my father was murdered in 1973, I spent decades looking for the man who killed him. What I found changed everything I’d believed about him and the life he lived.

Andrey Abrahamian en The Interpreter: “Naypidaw: A city looking for a purpose“. Comprendiendo el cambio de capital en Birmania.

Steve Twomey en The Smithsonian: “How (Almost) Everyone Failed to Prepare for Pearl Harbor“.The high-stakes gamble and false assumptions that detonated Pearl Harbor 75 years ago

Lecturas de Domingo

– Ayer fue el aniversario de la muerte de Isaiah Berlin. Letras Libres recupera alguna de sus mejores artículos sobre él. Como éste de Mark Lilla: “Isaiah Berlin contra la corriente“. Leyó con originalidad a pensadores marginales; advirtió motivos intelectuales entre autores de épocas distintas; estudió, más que los éxitos, los fracasos de los filósofos. Berlin, a través de sus retratos intelectuales, creó una ciudad letrada en la que podemos volvernos más sabios. Otro bueno es el del propio Krauze: “El profeta Isaiah“: Y una magnífica charla entre Margalit, GArton ASh y Silver sobre “Ética y poder: la larga sombra de Maquiavelo“, a partir de la interpretación que hizo Berlín de él.

Seth J. Frantzman tiene un texto interesantísimo sobre The American Jewish community and the myth of Ari Shavit, a raíz del escándalo destapado en las últimas semanas que ha terminado con la carrera del periodista por varios casos de acoso o agresión sexual. A mí el libro (My promised land) me encantó, pero la crítica me resulta muy estimulante. Vía Álvaro Quintana.

Laura Millán Lombraña en El Confidencial: “Colonia dignidad, el lugar más siniestro del mundo“.

Dexter Filkins en The New Yorker: “Turkey’s Thirty-Year Coup. Did an exiled cleric try to overthrow Erdoğan’s government?“. Muy completo.

James B. Stewart también en The New Yorker. Una historia precisa e increíble de 2002 que merece la pena rescatar. “The Real Heroes Are Dead. A love story“. Vía @pablomediavilla

Anna Heyward en The New Yorker, claro. “The Opposite of a Muse“. In the course of two decades, a medical secretary in Paris persuaded scores of renowned photographers to take her picture. Fascinante historia de una mujer, normal y corriente, insistente hasta límites insospechados, que ha logrado ser retratada por decenas de fotógrafos de talla mundial.

Kathy Gannon para AP: “I had to:” Inside the mind of an ‘honor’ killer in Pakistan. Vía Víctor Olazabal. Terrible y descorazonador. Mató a su hermana, a la que quería y había criado, porque no soportaba los comentarios de sus amigos y vecinos, de “amigos” que todavía hoy se ríen y bromean sobre lo fácil que puede hacer que perdiera la cabeza. El estómago se cierra al leer sobre la rabia, la ira, del padre de ambos, que todavía no ha perdonado… a su hija.

Kate Connolly en The Guardian: “Joseph Goebbels’ 105-year-old secretary: ‘No one believes me now, but I knew nothing’. Brunhilde Pomsel worked at the heart of the Nazis’ propaganda machine. As a film about her life is released, she discusses her lack of remorse and the private side of her monstrous boss

– Extraordinaria columna de Simon Kuper en el FT del fin de semana: “The long shadow of 1989.‘Merkel, Putin, Orbán and Kaczynski were all shaped by the 1989 revolutions’

– Lo explica David Wong en Cracked y da bastante rabia. 7 Reasons So Many Guys Don’t Understand Sexual Consen. Vía Olga Rusu

– Y para terminar, la explicación de por qué los ingleses juegan al fútbol de la forma en lo que lo hacen y de quién es la culpa. How One Man’s Bad Math Helped Ruin Decades Of English Soccer. Vía Antonio Villareal

You forget everything inside that country

A finales de la semana pasada murió Sydney H. Schanberg. El nombre probablemente no les dirá nada. Era periodista. Entró en The New York Times como copy boy en 1959 y apenas 10 años después fue nombrado corresponsal, en la India primero y después cubriendo el sudeste asiático.

Su obituario lo ha escrito Robert D. McFadden, otra leyenda: Sydney H. Schanberg Is Dead at 82; Former Times Correspondent Chronicled Terror of 1970s Cambodia.

Seguramente su historia les resulte más familiar si recuerdan Los gritos del silencio (The Killing Fields), la película de Roland Joffé, con Sam Waterston de protagonista.

Schanberg, que cubría la Guerra de Vietnam, viajó a Camboya muchas veces desde 1970. En  1972 conoció a Dith Pran, y le cambió la vida. Pran era un joven nacido en la provincia de Siem Reap, la de los templos de Angkor Wat. Aprendió francés en el colegio e inglés por su cuenta. Cualquiera que haya visitado la zona podrá contar casos similares,  de guías y conductores de tuk tuk que son capaces de comunicarse con turistas de medio mundo gracias al inglés juntado con frases de aquí y de allí.

Pran trabajó más duro. Logró empleo como intérprete para el United States Military Assistance Group, y cuando las relaciones diplomáticas de ambos países estallaron, en 1963, se ganó la vida traduciendo para todo tipo de empresas. Por ejemplo, para el equipo que grababa Lord Jim, con Peter O’Toole a la cabeza.

Schanberg y él se hicieron amigos y el joven camboyano era tan bueno que consiguió trabajo fijo, con sueldo mensual, un año después. Cuando las defensas de Phnom Penh cayeron, Pran mandó a su familia fuera, logrando que se instalaran en EEUU. Pero él se quedó con Schanberg y eso casi le cuesta la vida.

Con la llegada del ejército a la capital derrotada el caos fue inmediato. El corresponsal quiso quedarse y casi de inmediato fue detenido junto a un colega de The Sunday Times. Los soldados, sin instrucciones concretas y eufóricos por la victoria, los iban a fusilar. Los metieron en un coche y se los iban a llevar. Ordenaron al fixer y a los conductores que se fueran, pero Pran no lo hizo. Arriesgando su vida se quedó y trató incansablemente de convencer a los jovencísimos e irascibles soldados. Logró meterles la duda, pidieron órdenes y tras unas horas de tensión absoluta fueron liberados.

El 17 de abril de 1975 la poquísima prensa internacional que quedaba en el país se refugió en la embajada francesa. Pocos días después, sin embargo, los locales fueron expulsados de la zona segura y obligados a volver a las calles, a pesar de la sistemática persecución.

Schanberg no se lo perdonó jamás. La diplomacia francesa fue tajante, porque no tenía muchas más opciones. Todos los camboyanos tenían que irse, aunque sus maridos, mujeres o hijos de matrimonios mixtos siguieran ahí. No había opciones de dejar el país para traductores, asistentes y sus familias .Ni para Pran. El periodista del NYT cuenta cómo apenas pudo dar 1.000 dólares en efectivo a sus dos conductores y 2.600 a su amigo para que intentara sobrevivir a base de sobornos. Se lo explicó, lloraron y lo entendió. Una mañana dejó la embajada. Ambos estaban seguros de que era su condena.

Durante cuatro años Pran sobrevivió disimulando. Haciéndose pasar por taxista. Yendo de corto, sin zapatos, sucio. Sin levantar la voz. Fingiendo no tener ningún tipo de educación para no ser ejecutado con otros cientos de miles. En las peores épocas tuvo que vivir con una cuchara de arroz al día. Su padre murió de hambre en 1975. Su hermano fue asesinado por tener estudios. Él logró resistir a pesar de varias palizas casi mortales. Y después de la invasión vietnamita logró escabullirse y cruzar a Tailandia.

Lleno de heridas, delgadísimo, con los dientes podridos y sin fuerzas siquiera para abrir una botella.

“When he had difficulty yesterday getting the top off a bottle of orange soda, a friend teased him, saying he could not do it because he had lost all his strength. “Nothing to do with strength,” he said. “I just don’t know how to do it any more. You forget everything inside that country.”

Allí le esperaba su amigo. El 12 de octubre de 1979 publicó esta extraordinaria crónica en el periódico: Cambodian Reporter Who Fled ‘True Hell’ Tells of 4‐Year Ordeal. Un texto perfecto que lo cuenta todo, sin estridencias ni adornos. Describiendo uno de los horrores más inimaginables del siglo XX. Leedla, recomendadla, enlazadla. Enseñadla en las facultades.

El 20 de enero de 1980 Schanberg  publicó otro reportaje increíble:The Death and Life of Dith Pran, A Story of Cambodia (PDF). La muerte y vida de Pran, que se convertiría en un libro y después en la película. Las primeras páginas del libro las podéis leer en este PDF. La web oficial, aquí.

Pran, tras escapar, viajó a EEUU. Su amigo le consiguió un trabajo como fotógrafo para el propio NYT. Se reunió con su familia y se divorció. Se casó y se volvió a separar. Se nacionalizó.En 1989 regresó a los campos de la muerte y escribió esto: Return to the Killing Fields. Mucho después, en 2008, murió  de cáncer.

choueng

 Visitar los campos de la muerte de Choueng Ek, a las afueras de Phnom Penh, es casi un deber cívico para conocer y no olvidar. Para intentar entender que en un país de siete milones de habitantes, casi dos millones murieron por la guerra, el hambre y las ejecuciones de un gobierno genocida. Para que en nuestro vocabulario la S21 ocupe lugares junto a Treblinka o Kolyma.

Pol Pot y la ingeniera social más salvaje y destructiva querían un país, una sociedad nueva. Una pesadilla imposible. Los jemeres rojos tenían una idea, esa idea contra la que Berlin nos previno:

“Let me explain. If you are truly convinced that there is some solution to all human problems, that one can conceive an ideal society which men can reach if only they do what is necessary to attain it, then you and your followers must believe that no price can be too high to pay in order to open the gates of such a paradise. Only the stupid and malevolent will resist once certain simple truths are put to them. Those who resist must be persuaded; if they cannot be persuaded, laws must be passed to restrain them; if that does not work, then coercion, if need be violence, will inevitably have to be used—if necessary, terror, slaughter. Lenin believed this after reading Das Kapital, and consistently taught that if a just, peaceful, happy, free, virtuous society could be created by the means he advocated, then the end justified any methods that needed to be used, literally any”.

Querían que se olvidara todo dentro de ese país. Mataron a dos millones de personas, pero no lo consiguieron. Intentaron que Pran lo olvidara todo con amenazas, hambre y torturas. No lo consiguieron tampoco.

A nosotros, afortunados, nos queda hacer todo lo posible para que ni ellos ni nadie olvide jamás lo que hicieron, lo que intentaron y el daño que provocaron los jemeres en Camboya. Schanberg  y Pran se quedaron sobre el terreno cuando la muerte llamaba a la puerta y gracias a su esfuerzo, a su sacrificio, conocimos lo que pasaba.

Lo mínimo es tampoco olvidarlos a ellos. Nunca.

Lecturas de Domingo

Declan Walsh en el NYT: What I saw in Syria. A reporter’s photographs
and cellphone videos from a road trip in one of the world’s most violent war zones.

Robert Manne en The Monthly:  The mind of the Islamic State. An ideology of savagery.

John Knelfel en Village VoiceA Hello to Arms: A New Generation of Steely-Gazed Anarcho-Communists Head Off to Syria. La historia de Guy y Hristo.

Ariel Saber en The AtlanticThe Unbelievable Tale of Jesus’s Wife. A hotly contested, supposedly ancient manuscript suggests Christ was married. But believing its origin story—a real-life Da Vinci Code, involving a Harvard professor, a onetime Florida pornographer, and an escape from East Germany—requires a big leap of faith. Una historia alucinante y una investigación periodística para quitarse el sombrero. Espectacular, concienzudo, profundo e incansable el trabajo de Saber. Lean, lean. Vía Daniel Capó.

Robert Booth en The Guardian.  How did one of the worst paedophiles in history get away with his crimes? For more than 40 years, William James Vahey drugged and abused hundreds of pupils at international schools around the world. A Guardian investigation reveals that, despite numerous opportunities to stop him, nothing was done.

Alex Morris en el NY Magazine: Like sister, like brother.  Felix used to be known as Justine, Jeena’s sister. Jeena used to be known as James, Felix’s brother. It all gets a little complicated when trans runs in the family.

Octavio Medina en Jotdown: Los oráculos como institución. Un buen intento, pero no compro.

–  Patrick Iber y Mike Konczal en Dissent MagazineKarl Polanyi for President. Vía Josu Mezo

Antonio Martínez Ron en Voz Populi:  Plasticidad a la carta para salvar cerebros. Un equipo de médicos españoles prueba con éxito un sistema para operar tumores cerebrales considerados inoperables porque afectan a áreas funcionales. La técnica pionera consiste en cambiar las funciones de sitio para poder intervenir. La capacidad de reorganizar el cerebro abre un universo de posibilidades.

Corin Throsby en el TLS: Byron Burning.

Buen domingo a todos