You forget everything inside that country

A finales de la semana pasada murió Sydney H. Schanberg. El nombre probablemente no les dirá nada. Era periodista. Entró en The New York Times como copy boy en 1959 y apenas 10 años después fue nombrado corresponsal, en la India primero y después cubriendo el sudeste asiático.

Su obituario lo ha escrito Robert D. McFadden, otra leyenda: Sydney H. Schanberg Is Dead at 82; Former Times Correspondent Chronicled Terror of 1970s Cambodia.

Seguramente su historia les resulte más familiar si recuerdan Los gritos del silencio (The Killing Fields), la película de Roland Joffé, con Sam Waterston de protagonista.

Schanberg, que cubría la Guerra de Vietnam, viajó a Camboya muchas veces desde 1970. En  1972 conoció a Dith Pran, y le cambió la vida. Pran era un joven nacido en la provincia de Siem Reap, la de los templos de Angkor Wat. Aprendió francés en el colegio e inglés por su cuenta. Cualquiera que haya visitado la zona podrá contar casos similares,  de guías y conductores de tuk tuk que son capaces de comunicarse con turistas de medio mundo gracias al inglés juntado con frases de aquí y de allí.

Pran trabajó más duro. Logró empleo como intérprete para el United States Military Assistance Group, y cuando las relaciones diplomáticas de ambos países estallaron, en 1963, se ganó la vida traduciendo para todo tipo de empresas. Por ejemplo, para el equipo que grababa Lord Jim, con Peter O’Toole a la cabeza.

Schanberg y él se hicieron amigos y el joven camboyano era tan bueno que consiguió trabajo fijo, con sueldo mensual, un año después. Cuando las defensas de Phnom Penh cayeron, Pran mandó a su familia fuera, logrando que se instalaran en EEUU. Pero él se quedó con Schanberg y eso casi le cuesta la vida.

Con la llegada del ejército a la capital derrotada el caos fue inmediato. El corresponsal quiso quedarse y casi de inmediato fue detenido junto a un colega de The Sunday Times. Los soldados, sin instrucciones concretas y eufóricos por la victoria, los iban a fusilar. Los metieron en un coche y se los iban a llevar. Ordenaron al fixer y a los conductores que se fueran, pero Pran no lo hizo. Arriesgando su vida se quedó y trató incansablemente de convencer a los jovencísimos e irascibles soldados. Logró meterles la duda, pidieron órdenes y tras unas horas de tensión absoluta fueron liberados.

El 17 de abril de 1975 la poquísima prensa internacional que quedaba en el país se refugió en la embajada francesa. Pocos días después, sin embargo, los locales fueron expulsados de la zona segura y obligados a volver a las calles, a pesar de la sistemática persecución.

Schanberg no se lo perdonó jamás. La diplomacia francesa fue tajante, porque no tenía muchas más opciones. Todos los camboyanos tenían que irse, aunque sus maridos, mujeres o hijos de matrimonios mixtos siguieran ahí. No había opciones de dejar el país para traductores, asistentes y sus familias .Ni para Pran. El periodista del NYT cuenta cómo apenas pudo dar 1.000 dólares en efectivo a sus dos conductores y 2.600 a su amigo para que intentara sobrevivir a base de sobornos. Se lo explicó, lloraron y lo entendió. Una mañana dejó la embajada. Ambos estaban seguros de que era su condena.

Durante cuatro años Pran sobrevivió disimulando. Haciéndose pasar por taxista. Yendo de corto, sin zapatos, sucio. Sin levantar la voz. Fingiendo no tener ningún tipo de educación para no ser ejecutado con otros cientos de miles. En las peores épocas tuvo que vivir con una cuchara de arroz al día. Su padre murió de hambre en 1975. Su hermano fue asesinado por tener estudios. Él logró resistir a pesar de varias palizas casi mortales. Y después de la invasión vietnamita logró escabullirse y cruzar a Tailandia.

Lleno de heridas, delgadísimo, con los dientes podridos y sin fuerzas siquiera para abrir una botella.

“When he had difficulty yesterday getting the top off a bottle of orange soda, a friend teased him, saying he could not do it because he had lost all his strength. “Nothing to do with strength,” he said. “I just don’t know how to do it any more. You forget everything inside that country.”

Allí le esperaba su amigo. El 12 de octubre de 1979 publicó esta extraordinaria crónica en el periódico: Cambodian Reporter Who Fled ‘True Hell’ Tells of 4‐Year Ordeal. Un texto perfecto que lo cuenta todo, sin estridencias ni adornos. Describiendo uno de los horrores más inimaginables del siglo XX. Leedla, recomendadla, enlazadla. Enseñadla en las facultades.

El 20 de enero de 1980 Schanberg  publicó otro reportaje increíble:The Death and Life of Dith Pran, A Story of Cambodia (PDF). La muerte y vida de Pran, que se convertiría en un libro y después en la película. Las primeras páginas del libro las podéis leer en este PDF. La web oficial, aquí.

Pran, tras escapar, viajó a EEUU. Su amigo le consiguió un trabajo como fotógrafo para el propio NYT. Se reunió con su familia y se divorció. Se casó y se volvió a separar. Se nacionalizó.En 1989 regresó a los campos de la muerte y escribió esto: Return to the Killing Fields. Mucho después, en 2008, murió  de cáncer.

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 Visitar los campos de la muerte de Choueng Ek, a las afueras de Phnom Penh, es casi un deber cívico para conocer y no olvidar. Para intentar entender que en un país de siete milones de habitantes, casi dos millones murieron por la guerra, el hambre y las ejecuciones de un gobierno genocida. Para que en nuestro vocabulario la S21 ocupe lugares junto a Treblinka o Kolyma.

Pol Pot y la ingeniera social más salvaje y destructiva querían un país, una sociedad nueva. Una pesadilla imposible. Los jemeres rojos tenían una idea, esa idea contra la que Berlin nos previno:

“Let me explain. If you are truly convinced that there is some solution to all human problems, that one can conceive an ideal society which men can reach if only they do what is necessary to attain it, then you and your followers must believe that no price can be too high to pay in order to open the gates of such a paradise. Only the stupid and malevolent will resist once certain simple truths are put to them. Those who resist must be persuaded; if they cannot be persuaded, laws must be passed to restrain them; if that does not work, then coercion, if need be violence, will inevitably have to be used—if necessary, terror, slaughter. Lenin believed this after reading Das Kapital, and consistently taught that if a just, peaceful, happy, free, virtuous society could be created by the means he advocated, then the end justified any methods that needed to be used, literally any”.

Querían que se olvidara todo dentro de ese país. Mataron a dos millones de personas, pero no lo consiguieron. Intentaron que Pran lo olvidara todo con amenazas, hambre y torturas. No lo consiguieron tampoco.

A nosotros, afortunados, nos queda hacer todo lo posible para que ni ellos ni nadie olvide jamás lo que hicieron, lo que intentaron y el daño que provocaron los jemeres en Camboya. Schanberg  y Pran se quedaron sobre el terreno cuando la muerte llamaba a la puerta y gracias a su esfuerzo, a su sacrificio, conocimos lo que pasaba.

Lo mínimo es tampoco olvidarlos a ellos. Nunca.

Lecturas de Domingo

Declan Walsh en el NYT: What I saw in Syria. A reporter’s photographs
and cellphone videos from a road trip in one of the world’s most violent war zones.

Robert Manne en The Monthly:  The mind of the Islamic State. An ideology of savagery.

John Knelfel en Village VoiceA Hello to Arms: A New Generation of Steely-Gazed Anarcho-Communists Head Off to Syria. La historia de Guy y Hristo.

Ariel Saber en The AtlanticThe Unbelievable Tale of Jesus’s Wife. A hotly contested, supposedly ancient manuscript suggests Christ was married. But believing its origin story—a real-life Da Vinci Code, involving a Harvard professor, a onetime Florida pornographer, and an escape from East Germany—requires a big leap of faith. Una historia alucinante y una investigación periodística para quitarse el sombrero. Espectacular, concienzudo, profundo e incansable el trabajo de Saber. Lean, lean. Vía Daniel Capó.

Robert Booth en The Guardian.  How did one of the worst paedophiles in history get away with his crimes? For more than 40 years, William James Vahey drugged and abused hundreds of pupils at international schools around the world. A Guardian investigation reveals that, despite numerous opportunities to stop him, nothing was done.

Alex Morris en el NY Magazine: Like sister, like brother.  Felix used to be known as Justine, Jeena’s sister. Jeena used to be known as James, Felix’s brother. It all gets a little complicated when trans runs in the family.

Octavio Medina en Jotdown: Los oráculos como institución. Un buen intento, pero no compro.

–  Patrick Iber y Mike Konczal en Dissent MagazineKarl Polanyi for President. Vía Josu Mezo

Antonio Martínez Ron en Voz Populi:  Plasticidad a la carta para salvar cerebros. Un equipo de médicos españoles prueba con éxito un sistema para operar tumores cerebrales considerados inoperables porque afectan a áreas funcionales. La técnica pionera consiste en cambiar las funciones de sitio para poder intervenir. La capacidad de reorganizar el cerebro abre un universo de posibilidades.

Corin Throsby en el TLS: Byron Burning.

Buen domingo a todos

Lecturas de Domingo

– N. R. Kleinfield en The New York Times: “Fraying at the edged“. A withered person with a scrambled mind,memories sealed away: That is the familiar face of Alzheimer’s. But there is also the waiting period, which Geri Taylor has been navigating with prudence, grace and hope. Quizás el reportaje más largo del año. Más de 20 meses de trabajo de uno de los periodistas más reputados del NYT documentando el deterioro de Geri Taylor. Se puede leer también en español:  Los hilos de una vida que se desvanece: una mujer pone luz a la oscuridad del Alzheimer.

 – Shaun Walker tn The Guardian: “The day we discovered our parents were Russian spies“. For years Donald Heathfield, Tracey Foley and their two children lived the American dream. Then an FBI raid revealed the truth: they were agents of Putin’s Russia. Their sons tell their story. ¿Os recuerdo mucho a The Americans? No es casualidad…

– William Kremer en la BBC: “The cave divers who went back for their friends“. En febrero de 2014 un grupo de expertos buceadores finlandeses fue a explorar una cueva en Nnoruega. Una operación complicada, de horas de duración. Y peligrosa. Dos de ellos nunca volvieron a casa. En la pieza, la BBC cuenta la historia de este grupo de amigos y de cómo los supervivientes volvieron un año después a intentar rescatar los cuerpos de sus amigos. Hay un documental sobre ello que acaba de salir: Diving into the unknown

– Cologne four months after the fact. Brutal esto en De Correspondent. Han puesto a dos periodistas a tiempo completo a investigar qué paso en Colonia en Año Nuevo. Los datos son brutales: al menos 13o agresores (sólo 31 identificados), mas de 1.200 víctimas. Y aquí su trabajo detalladísimo tras hablar con testigos, víctimas, policías a investigadores. En varias piezas:

Time for the facts. What do we know about Cologne four months later?

Minute by minute. This is what happened in Cologne on New Year’s Eve

News after the fact. Reporting on New Year’s Eve in Cologne, with hindsight

– Maurice Chammah: en Guernica Magazine: My father¡s Aleppo“. A Syrian Jew’s exodus and return.

Tim Parks en T Magazine:  “One of Florence’s Oldest Families and Its 600-Year Archive“. The Corsinis kept a record detailing their every decision — and every ledger, bill and correspondence they ever produced. Alucinante.

Fernando Múgica (1946-2016)

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ULISES

Ayer, al borde de los 70, murió Fernando Múgica. Me enteré muy tarde, después de cenar. Había estado fuera, bastante desconectado. Y me puse a llorar.

Yo lloro muy poco y Fernando no era un amigo cercano, pero la tristeza que sentí fue infinita.

Es difícil explicar. Si leéis los muchos artículos que se han publicado en las últimas 24 horas (los enlazo abajo), los comentarios en Twitter o Facebook de sus colegas, amigos o alumnos encontraréis en casi todos tres ideas: que siempre sonreía, que era buena persona y que tenía una pasión desbordante.

Las tres son rigurosamente ciertas. No he conocido nunca a nadie, de cualquier edad, con tanta pasión, tantas ganas. Siempre con una o dos o tres cámaras de fotos encima, más que dispuestos a prestarlas.

Observador incisivo y hombre despistado, caótico, desordenado y tremendamente atento y generoso. Si lo veías una vez pensabas que era o un genio despistado o un niño en cuerpo de hombre. Si lo veías dos veces dudabas. A la tercera te había ganado para siempre.

Yo lo conocí hace 10 años, en el Master de El Mundo. Era profesor de fotografía, o algo parecido. De fotografía no recuerdo que me enseñara nada, pero de mirar, todo. No perdió un minuto en hablar de técnica, de máquinas. Era todo la mirada, el buscar, el ver. Y logró llegar, como nadie, a un grupo de veinteañeros cínicos.

Yo quería hacer las prácticas en Internacional, lo que siempre me había apasionado. No estudié periodismo y mi único vínculo eran los muchos libros de corresponsales, de guerras, de reporteros que tenía en casa. De gente exactamente como él. Tenía una idea idiota en la cabeza de cómo debían ser y alguien tan afable, cariñoso, cercano no encaja mucho.

La primera vez pensé que era una gloria venida a menos, cargado de historietas y batallitas. No podía estar más equivocado. Desde ese día y cada vez que me crucé con él me demostró que era jodidamente listo, que no se le escapaba nada. Tenía una capacidad de comprender lo que sucedía, la big picture (pun intended).

Fernando tenia también muchos pájaros. Había días que parecía que tenías delante a JJ Benitez, su amigo de la infancia. Durante los últimos ocho años cada vez que nos encontrábamos me hacía un saludo militar y guiñaba el ojo. Un día me vio haciendo deporte cerca del periódico, con el pelo rapado, y jamás pude convencerle de que yo no era parte de los servicios de inteligencia de Israel. Jamás. Se cuadraba, guiñaba un ojo y se despedía con “shalom”.

En 2006, acabando la parte teórica del Master, yo quería ir a Internacional y él me lo desaconsejó, por decirlo de forma suave. Me dijo que cometería un error inmenso y me arrepentiría el resto de mi vida. Que yo tenía que ir a Opinión. Sin muchas más explicaciones. No entendí nada, no tenía ningún sentido. Parecía una boutade aleatoria de alguien ya de salida, desconectado del día a día de una redcción.

La semana siguiente me lo volvió a repetir. Y se puso pesado, hablando incluso con la gente del Master directamente. El cabrón lo tenía clarísimo y acertó de lleno.

Me lo dijo tiempo después. Vio que era un listillo y que iba a chocar con la gente de su sección, con los suyos. Los conocía bien. Sabía que yo necesitaba una cura de humildad, de paciencia. Y necesitaba entender cómo funciona un periódico, una redacción, y que eso no lo iba a entender en Internacional. Y fue así. De haber ido a Internacional es probable, casi seguro, que yo no estaría ahora aquí en Bruselas como corresponsal del periódico. Fernando, en un instante, lo vio claro y me cambió la vida.

Ayer por la noche mi amigos y compañeros lloraban por él igual que yo. Literalmente. Es difícil de explicar porque casi ninguno era amigo cercano. Pero Fernando era la bondad, la sonrisa, la alegría. La pasión absoluta por el periodismo, por estar donde pasan las cosas y contarlas. Por ser testigo y compartirlo. En Vietnam, Sierra Leona, un charco en el centro de Pamplona o la banda de un estadio de fútbol.

Lo decía ayer Rojas: “De Fernando Múgica copiaba hasta la manera de abrocharse el zapato. Lo veía por la redacción y me decía: “Yo quiero ser como ese tipo”. Alto, guapo, elegante. Con una carrera larga, completa. Para entenderlo bien tenéis que leer a Errea y a Edu.

Cuando te quejabas de los horarios, del sueldo, de un madrugón, de un bronca del jefe siempre respondía lo mismo entre risas: “¿No querías ser periodista”. No deja de ser una maldita ironía que nos deje en medio de un ERE. De otro.

Que a un periodista le recuerden por su trabajo, por sus fotos, sus reportajes, supongo que es lo mejor que le puede pasar. Que te recuerden entre lágrimas tus compañeros, los que no eran siquiera amigos muy cercanos, yo creo que dice mucho más. Por su fuerza, su pasión, su sonrisa. Por esa mirada contagiosa. Porque era uno de los últimos del mundo de ayer.

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Javier Errea, que es su sobrino, en su blog sobre “Fernando Múgica“.

Eduardo Suárez en Medium: “Es mágico que esté todo por hacer“.

José Aymá en El Mundo: “Un fotógrafo que sabía mirar“. De profesional a profesional.

Lucía Méndez el sábado en su columna de El Mundo: “Te informo, querido Fernando“.

Mónica García Prieto también en El Mundo: “Siempre nos quedará Kabul“.

Iñaki Gil y Juan Carlos Laviana: “Reportero, ‘gentleman’ y buena persona“.

Iñaki de nuevo en Crónica el domingo: “Últimas tardes con Fernando“.

Pedro J. Ramírez  en El Español: “La leyenda de Fernando Múgica“.

Pedro Gª Cuartango en El Mundo: Retorno a silos.

J. J. Benitez en El Mundo: “Compañeros de pupitre y oficio“.

Arturo Pérez Reverte en Zenda: “Alto, rubio y tranquilo“.

Alberto Rojas en El Mundo: “El último reportero clásico“. Con los testimonios de corresponsales de guerra como él.

David Jiménez en su carta del domingo: “El reportero que habría plantado a Lana Turner“.

 Vicente Romero en El Mundo también: “Un periodismo que se muere“.

Fernando Baeta en El Español: “El último periodista“.

Agustín Rivera, en su blog, recuerda al “Escuchador de historias“.

Federico Jiménez Losantos le dedicó el arranque del programa del viernes de Es Radio.

El 11-M me ha costado la vida“, una entrevista que le hizo Lorena G. Maldonado

Luis del Pino en Libertad DigitalFernando Múgica, in memoriam

Javier Somalo, también en LD: “Fernando Múgica, la duda y la ilusión“.

Vicente Lozano en Medium: Mi último recuerdo de Fernando Múgica

María Ramírez en El Español: Las cerezas

Alberto D. Prieto en Ok Diario: Un reportero de película.

Un “In memoriam” de Ana María de Luis Otero en Periodistas en español

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VÍDEO:

Fernando Múgica, periodista, maestro, amigo. Algunos de los periodistas de El Mundo evocan recuerdos vividos junto al reportero Fernando Múgica.

MÚGICA EN SUS TEXTOS

Saigón: el bus que nadie quería perder

Los agujeros negros del 11-M

 

La apuesta que aisló a Merkel

How Merkel Has Gambled Away Her EU Power. Muy duro artículo en Der Spiegel sobre la canciller y su apuesta perdida en la crisis de refugiados: “It is yet another incident that demonstrates Merkel’s loss of power. The chancellor has played a variety of roles in Brussels throughout her career. She began as a clumsy novice, but as a result of the euro crisis she ultimately became the most powerful leader in Europe. Now, however, she has isolated Germany in the European Union to a greater degree than any chancellor before her“. (Negritas mías)

– Barry Eichengreen y Charles Wyplosz, sarcásticos como nunca: How the Euro Crisis was successfully resolved.

Sultan Al Qassemi escribe en el Middle East Insitute: The Arab World’s Other Migration Problem. “Most Arab societies have become more homogenous over the past few decades. We have lost our Jewish minorities and the number of Christian Arabs is dwindling either due to voluntary or forced migration. Shiite Arabs are assailed on social media and associated with the disruptive behavior of the Iranian regime. By the end of this century, some Arab states may be completely emptied of the few minorities they have today”.

–   Evan Osnos en The New Yorker: Donald Trump and the Ku Klux Klan: A History.

Uber seems to offer better service in areas with more white people. That raises some tough questions.

 

Lecturas de Domingo

Jefrrey Goldberg en The Atlantic escribe el artículo de la semana, del mes y quizás del semestre en política exterior: The Obama Doctrine. The U.S. president talks through his hardest decisions about America’s role in the world. Un texto descomunal, de más de 20.000 palabras, con un acceso extraordinario a las más altas fuentes: el presidente Obama, al que entrevista varias veces a lo largo de seis meses, los últimos secretarios de Estado, jefes de la CIA, Defensa, Seguridad Nacional, primeros ministros extranjeros, asesores, etc. Es un trabajo periodístico fabuloso que a partir de un hecho concreto (el cambio de opinion casi de un día para otro de Obama sobre la intervención en Siria) permite reflexionar sobre su concepción de la política  internacional. Sobre si Obama es un realista o no. Sobre lo que llama the Washington Playbook, ese consenso que se crea en la ciudad entre think tanks, Gobierno, Congreso, expertos y medios de comunicación y que, denuncia Obama, empuja a la presidencia a tomar decisiones que realmente no quiere tomar.Se puede discutir sobre las ideas del texto, sobre las implicaciones o ausencias, pero es un trabajo de esos que uno sueña con poder hacer.

– Por el lado opuesto, Thomas Wright en Politico analiza las (consistentes) visiones de asuntos exteriores del favorito republicano:  Trump’s 19th Century Foreign Policy His views aren’t as confused as they seem. In fact, they’re remarkably consistent—and they have a long history.

Martin Chulov desde Bagdad en The Guardian:  Post-war Iraq: ‘Everybody is corrupt, from top to bottom. Including me‘ A corrupt political class has led a 13-year pillage on public money in the pursuit of power. As oil prices fall, further jeopardising the country’s revenues, there is little hope that governance will improve.

Mariangela Paone, en El Español, desde Grecia: Bebés en el barro, abortos espontáneos y madres sin leche: por qué Idomeni es la vergüenza de Europa

Michael Fitzgeral en Nautilus:  How the Mormons Conquered America. The success of the Mormon religion is a study in social adaptation.

Jeff Maysh en The Smithsonian:  The Man Who Sold the Eiffel Tower. Twice. “Count” Victor Lustig was America’s greatest con man. But what was his true identity?

Adam Nossiter en el NYT sobre Alain Finkielkraut:  Once Hopeful for Harmony, a Philosopher Voices Discord in France.

Sudip Bose en The American ScholarThe Sound of Silence. Jean Sibelius and the symphony that never was.

David Laskin en el NYT también: 500 Years of Jewish Life in Venice. A journey into one of the world’s oldest Jewish ghettos, where this year a long, rich history is commemorated.

–  En 1843  Magazine: “Why do we work so hard?  Maybe it’s because work is satisfying. Maybe it’s because we’re trapped. Or maybe, as Ryan Avent suspects, it’s because of a troubling combination of the two

– Y un anónimo en Medium para terminar:  What it’s like to be that fat person sitting next to you on the plane.

 

Cambio, costuras y tropelías turcas

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Las secuelas de Fukushima cinco años después.

El irresistible atractivo del cambio. Ramón González Ferriz en Ahora sobre el inmenso prestigio del cambio, el impacto en la vida diaria y la democracia, y algunas realidades más profundas.

– Martin Chulov en Bagdad: Post-war Iraq: ‘Everybody is corrupt, from top to bottom. Including me‘. A corrupt political class has led a 13-year pillage on public money in the pursuit of power. As oil prices fall, further jeopardising the country’s revenues, there is little hope that governance will improve.

– En el periódico del fin de semana escribí sobre Las costuras de Europa, la media docena de crisis que amenazan con la tormenta perfecta y por qué debemos preocuparnos.

– Y en el blog de El Mundo, sobre El arte europeo de taparse la nariz y mirar para otro lado, en relación con la crisis de refugiados y a las cosas a las que la realpolitik lleva a la Unión.

– Selkuk Gultasi, corresponsal en Bruselas de Zaman, explica la última tropelía del Gobierno turco: Erdogan, prince of Europe, took my newspaper Zaman.

– Manolo Conthe en su blog de Expansión: El dilema de Sánchez. Desde la psicología social y al más puro estilo Conthe.

¿En qué has cambiado de idea?

Desde hace muchos años, mi blog de referencia es Marginal Revolution, gestionado por Tyler Cowen (sobre todo) y Alex Tabarrok (bastante menos), dos profesores de economía de la George Mason University.

Cowen es un tipo fascinante. Campeón estatal de ajedrez de New Jersey a los 15 años, lector voraz, doctor en Economía por Harvard, escritor compulsivo (15 libros y decenas de artículos), microbloguero diario, ensayista, columnista en las principales publicaciones norteamericanas. Y cada vez más, una figura en el debate público.

En 2004 una lectora de su blog le escribió (yo en los últimos años le he escrito muchas veces y siempre me ha respondido en cuestión de horas) diciéndole que tenía toda pinta de ser autista o algún tipo de Asperger (como ella misma). Al principio él se lo tomó mal. Pero con esa capacidad de trabajo y síntesis que tiene se dedicó a leer, aprender y estudiar el tema y acabó autodiagnosticándose un “autistic cognitive style”, aunque nunca buscó a un profesional para corroborarlo.

En vez de eso, escribió un libro sobre la capacidad de analizar y clasificar cosas de los autistas y una visión personal de la economía: Create Your Own Economy: The Path to Prosperity in a Disordered World

Cowen tiene una capacidad de asimilación de información descomunal, no parece humana. Pero para mí, lo más llamativo no son sus conocimientos, su trabajo o sus intereses. Lo que hace de Cowen un personaje excepcional son sus preguntas.

He entrevistado a decenas o cientos de personas en mi mi vida. A muchos economistas de talla mundial, incluyendo muchos Premios Nobel. Los hay hay mediocres, normales, buenos, buenísimos, genios. Pero normalmente valoramos, juzgamos, por la calidad de sus respuestas y la profundidad de sus conocimientos. Por su talento para predecir o su capacidad de explicar.

Cowen es extraordinario en el nivel siguiente, el que para mí de verdad distingue a los buenos de los mejores, a los pensadores de verdad, los que se salen de la caja. Cowen es uno de los que ‘crea’ las preguntas, que es capaz de imaginar escenarios completamente diferentes, el que rompe con las categorías con las que nos hemos criado y educado.

Es verdad que el mundo anglosajón tiene esa capacidad de buscar alternativas, nuevos escenarios. Es allí donde encuentras libros sobre qué hacer en caso de un Apocalipsis zombie, una guerra nuclear, si eres el último ser humano vivo, cómo sobrevivir a una gran catástrofe, etc . Desde fuera muchas veces nos reímos de esas ocurrencias, pero la profundidad que hay detrás de ese approach es esencial. Es prepararse para la imposible y estar listos para lo improbable.

Hoy, en un gran post, Cowen se pregunta lo siguiente: “Given that Trump is winning, which other views should we update?“.

Es muy clarito: durante mucho tiempo hemos tratado con desdén la posibilidad de que alguien como Trump llegara a donde está (sí lo sé, hay mucha gente que seguro que lo vio venir, lo avisó o se alegra, pero seguramente podremos coincidir en que la mayoría consideraba(mos)  inverosímil que alguien como él, con una campaña como la que ha hecho en 2016 y las afirmaciones que ha hecho una detrás de otra pueda ser el candidato Republicano).

Cowen, en lugar de quedarse en el debate manido, presenta un enfoque interesante: ¿en qué más estábamos equivocados? ¿Qué más debemos replantearnos? Porque podemos tratar de ajustar la realidad a nuestro esquema o asumir que el marco en el que nos movemos quizás no era correcto, nos guste o no. Y eso no tiene que empujar a recalibrar.

A principios de año escribió otro post: What caught my attention in 2015. Con reflexiones de todo tipo, desde que la Quinta temporada de Homeland ha sido magnífica (porque lo ha sido), al curling, a los deportistas que más le han interesado pasando por la deriva antiliberal de los países de Europa del Este o las zonas más interesantes de China para visitar.

Lo importante no es que lleve razón o no, sino sentarse a pensar en algo así. En qué ha sido lo más llamativo para nosotros de 2015, qué reflexiones sacamos, qué nos ha gustado y qué nos ha asustado, qué nos ha sorprendido y qué no. Eso obliga a saber dónde estábamos, que pensábamos, por qué. A cuestionar la fuente de nuestras certezas o de nuestras impresiones más vagas.

Mi ejemplo favorito de Cowen es quizás del año pasado, una pregunta que me hice entonces y me hago cada enero. ¿En qué he cambiado de opinión?

No es fácil, verdad. ¿De qué tema estabas completamente seguro y has modificado tu posición? ¿Qué creencia, sólida o semisólida, has dejado atrás en los últimos 12 meses? ¿Y por qué? ¿Deducción, inducción, una experiencia personal?

El pasado marzo Stephen Waltz tenía un artículo estupendo con más horquilla: I changed my mind, con temas de lo más dispares: desde la capacidad de transformación de las ciencias sociales hasta el poder del análisis cuantitativo, pasando por la política exterior de EEUU en numerosos campos.

Responder preguntas es muy necesario. Si tengo que elegir, intuitivamente, prefiero al que tiene respuestas que al que no. Pero hacer preguntas, descubrir que necesitamos hacer preguntas, es lo que cambia el mundo.

Hay gente muy buena respondiendo, pero hay poquísimos capaces de descubrir o crear las preguntas. Llevo desde diciembre de 2014 dándole vueltas al asunto. Cuando estoy frustrado me digo que hace falta tiempo, o un trabajo como profesor de Universidad para algo así. Busco excusas. Me digo que mi cerebro era muchísimo más rápido, activo, cuando era estudiante.

Hace una década podía leer más rápido, discutir con los profesores y tirarme horas y horas de tertulia sobre temas de una enorme abstracción. Hoy no puedo. La última década, mi trabajo, han cambiado totalmente la forma de procesar información de mi cerebro y la forma de darle salida. Produzco cosas muy concretas, tangibles, pero he perdido la capacidad de abstracción, de evasión, de mezclar, de llevar la filosofía a la historia y la lingüística a la política. De sentarme a pensar cuántos de los objetos que ahora usamos diariamente serán imprescindibles dentro de 10 años y cuántos recordaremos dentro de 20. De tratar de imaginar cuántos países habrán dejado de existir y cuántos nacerán en el próximo cuarto de siglos. De quiénes son los líderes mundiales que de verdad tienen impacto y de qué escritores que hoy vemos como menores serán reverenciados en el siglo XXII.

 

En los últimos dos años he cambiado de opinión en muy pocas cosas. Me he vuelto más tolerante (hacia el karaoke, por ejemplo), más abierto (en gastronomía), más humilde (en la contundencia de mis opiniones), menos agresivo (en las discusiones), más cobarde (en las críticas personales a los que sé que me leen en temas no profesionales), más receptivo (en las escalas de grises).

En algunos temas no he cambiado sustancialmente de opinión, pero me he dado cuenta de que no le dedicaba la atención, la importancia o la ponderación que merecen. Por ejemplo, al efecto de la desigualdad en las sociedades modernas. El machismo y lo que los hombres tenemos que hacer. La parálisis de la UE. Los enemigos (internos) del periodismo.

Leer a Cowen me deja muchas veces chafado, impotente, insignificante. Me hace ver que estoy siendo tremendamente perezoso y sin motivo, que no necesito bibliotecas, recursos ni más tiempo libre del que ahora tengo para cambiar radicalmente mi forma de entender el mundo. Pero al mismo tiempo, su blog me ayuda a darme cuenta de que salirse de la senda cotidiana es en realidad posible, me ayuda a saber que estoy en una senda y cuáles son los limites. Me anima a seguir buscando.

A un blog se le puede pedir muchas cosas más. Marginal Revolution me da todo eso gratis. Cada día.

After sleeping through a hundred million centuries we have finally opened our eyes on a sumptuous planet, sparkling with color, bountiful with life. Within decades we must close our eyes again. Isn’t it a noble, an enlightened way of spending our brief time in the sun, to work at understanding the universe and how we have come to wake up in it? This is how I answer when I am asked—as I am surprisingly often—why I bother to get up in the mornings.

Richard Dawkins

Lecturas de Domingo

Esta semana Brexit no me ha dejado mucho tiempo libre, así que sólo dejo unos pocos enlaces. Buen domingo a todos.

– En The New Yorker un reportaje fantástico, brutal de Nicola Twilley: Gravitational Waves Exist: The Inside Story of How Scientists Finally Found Them.

– En la London Review of Books de noviembre (ya, lo sé, pero no he tenido tiempo hasta ahora de ponerme al día) hay un artículo maravilloso sobre Alma Mahler. Admito que empecé  a leerlo pensando que tras tres párrafos iba a pasar a algo que de verdad me interesara, y más con un título tan vago como She gives me partridges.  Antes de acabarlo ya había comprado el libro que reseña. Un texto estupendo que refleja los puntos oscuros de un personaje fascinante, poderoso, viuda de uno de los compositores más grandes. De una antisemita que se casó con dos judíos y marcó la escena cultural de una generación.

– En la misma LRB de noviembre, un ensayo necesario: ‘I’m a petitioner – open fire!’, de Chaohua Wang sobre la Justicia y el sistema legal en China. Una relato apasionante sobre la falta de garantías, el control estatal, las persecuciones y decisiones arbitrarias a través del caso de los petitioners, los que reclaman ante injusticias flagrantes y el grupo reducido de luchadores por las libertades que se juegan el tipo cada día. Con un Podcast incluido, por si alguien prefiere escucharlo.

I Couldn’t Decide If We Should Live or Die. Like many in the West African country of Niger, I was married and pregnant by 14. And then I began to bleed. By Fati Yayaha (as told to Jennifer Koons). Los pensamientos de una niña obligada a crecer deprisa y que, de golpe, encuentra, quizás, su lugar en el mundo.

– Gonzalo Ugidos en Crónica de El MundoVerdún: La batalla que volvió locos a los hombres.

– En The New York TimesDeath, the Prosperity Gospel and Me. Some Christians believe that God rewards the faithful. So why did she get Stage 4 cancer?

– Iñako Díaz-Guerra entrevista a Gerard Piqué para Papel.

Schuldenabbau, ach wo!

Hace unos días, los compañeros de Die Zeit, el semanario alemán, me pidieron un artículo sobre España y la polémica sobre el déficit. Les llegó el debate que había en España y querían saber algo más sobre la posición del Gobierno y, sobre todo, de Pedro Sánchez y Ciudadanos en el cumplimiento de los objetivos pactados con la UE.

Ya puesto, me decían, algo que combinara eso con la situación de bloqueo político y la incapacidad de formar gobierno. Sazonado con la lucha por la “flexibilidad” que se vive en Bruselas cadad día, con la presión francesa, italiana, portuguesa y hasta austriaca.

El resultado es éste: Schuldenabbau, ach wo!