bicepsDurante décadas, los científicos han tratado de encontrar factores inesperados que ayudaran a predecir el comportamiento económico. Hay quien ha dicho que la belleza de las camareras o el aumento de los mosquitos anticipan colapsos financieros. O que las mujeres usan más cosméticos en época de crisis y llevan faldas más cortas en épocas de bonanza, como dice el célebre e irrelevante Hemline Index de George Taylor.

Recientemente, un grupo musical muy avispado ha encontrado incluso una forma de rentabilizar la aparentemente inexistente relación entre vestimenta atrevida y comportamiento bursátil.

Robert Allsbrook tuvo su momento de gloria al vincular colores de corbatas llamativos, como rosa, y fases de euforia financiera. Otros, como los analistas de IBM, hablan del efecto alto de los tacones. Y durante mucho tiempo se ha asociado ganar un Mundial o la Superbowl con una mejora de la economía del país o de la región. Aunque también, de todo lo contrario.

Sin embargo, investigadores de las universidades de Aarhus y UC Santa Barbara han encontrado el criterio definitivo, la madre de todas las correlaciones absurdas, y hay muchas.

Tras someter a un cuestionario a cientos de personas en Argentina, EEUU y Dinamarca, los estuiosos encontraron que los hombres ricos tienden a oponerse más a la redistribución. Algo normal. Sin embargo, eso sólo ocurre cuando se cumple una condición más: tener unos bíceps muy desarrollados.

Y al revés, los cachas con estatus socioeconómico bajo son más partidarios de la redistribución, mientras que los que tienen brazos normales, no. La explicación, para ellos, es meramente evolutiva:«Sería un error para los más débiles tratar de apoderarse de los recursos cuando no pueden prevalecer», como lo sería «para los más fuertes ceder lo que pueden defender», según explican en The Ancestral Logic of Politics.

Desde hace lustros, las tiendas utilizan técnicas de todo tipo para estudiar el comportamiento de los clientes. Y lo hacen cada vez más, o mejor.

Los psicólogos creen que la personalidad influye en la visión económica (What Can the Big Five Personality Factors Contribute to Explain Small-Scale Economic Behavior?). Y también el lenguaje (The Effect of Language on Economic Behavior: Evidence from Savings Rates, Health Behaviors, and Retirement Assets).

Hay hasta quienes leen las novelas distópicas de Ray Bradbury desde una perspectiva económica.

O la identidad religiosa (“We find that religious identity salience makes Protestants increase contributions to public goods”). O la testosterona fetal,  aunque sobre eso hay más que dudas.

Puestos a buscar efectos inesperados, hay estudios sobre los beneficios de unas buenas manos (vale, en el póker). O sobre la correlación entre crecimiento económico y el tamaño del pene. En serio.

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Este post es una versión alargada y editada de la Crítica de Ideas publicada hoy en Mercados, el suplemento económico de El Mundo. Mil gracias a Beatriz Hoya por su indispensable ayuda para el contenido de ambos.

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