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El próximo 31 de enero, Ben Bernanke, presidente de la Reserva Federal de EEUU desde 2006, dejará su cargo. Larry Summers y Janet Yellen son los favoritos. Aunque su visión de la economía seguramente no es muy diferente, sus perfiles sí lo son. Summers, ex presidente de Harvard y ex secretario del Tesoro, es un asesor cercano de Obama. Yellen, ex presidenta de la Reserva Federal de San Francisco, tiene más de 15 años de experiencia en el entramado del banco central estadounidense.

Ambos son ricos. Muy ricos. Los críticos creen que Yellen sería una ‘paloma, o al menos más que Summers, pero no hay mucha evidencia. Ni en lo que respecta a los tipos de interés, ni en inflación.

¿Qué perfil debe tener un banquero central? ¿Existe alguna característica común entre los buenos? Comparar el resultado de sus mandatos sólo por el comportamiento de la economía no parece justo. Teniendo en cuenta únicamente los precios, tampoco.

En 2003, Christina y David Romer publicaron un estudio titulado “Choosing the Federal Reserve Chair: Lessons from History“, en el que afirman que “since at least the mid-1930s, the key determinant of the quality of monetary policy has been policymakers’ beliefs about how the economy functions and what monetary policy can accomplish”.

Y por ello, “the best predictor of the beliefs previous chairmen held while in office are their prior writings, speeches, and confirmation hearings. Therefore, in choosing future chairs, it is crucial to evaluate the intellectual frameworks of potential nominees, and to reject candidates whose views are worrisome”.

Matt C. Klein cree que los Romer son demasiado vagos en sus términos,  hace algunas propuestas modestas y propone candidatos “outside the box” pero expertos en lo crucial para el puesto.

Si se mira por todo el mundo se ven ciertas semejanzas en el perfil de los banqueros centrales, en su formación, su experiencia, etc, pero poco más. Los economistas parecen inclinarse por Yellen, pero hay división.

De hecho, bastante división, y Summers tiene sus partidarios. Tampoco olvidemos que Obama no parece hber tomado una decisión, y que había y hay más candidatos cualificados en la ‘short list’. Algunos, como Roger Ferguson, mucho menos conocidos.

Summers es brillante, inteligente y tiene experiencia. Es hijo de economistas, sobrino de dos Premios Nobel y una de las mentes más respetadas y preparadas de su generación, pero el talante y la paciencia no son sus mejores virtudes.

Simon Johnson, ex economista jefe del FMI, ha sintetizado el principal argumento para explicar por qué se debería elegir a Yellen. O mejor dicho, por qué no hay que nombrar a Summers. La Fed, sostiene, funciona mejor si actúa repartiendo y compartiendo responsabilidades, y no cuando su gobernador tiene demasiado poder, como ocurrió durante los mandatos de Greenspan, Eccles o Martin.

The Economist, Quartz y sobre todo The New York Times tienen visiones en esa línea sobre (contra) Summers. ¿Exageran? En el Open Market Committee hay 12 votos, pero el presidente, si es fuerte, impone su criterio. Laurence H. Meyer, en sus memorias, explica bien la legendaria capacidad de persuasión e intimidación de Greenspan.

Precisamente esta misma semana el Banco Central Europeo ha publicado un paper sugerente titulado Does the Greenspan Era Provide Evidence on Leadership in the FOMC? en el que se analizan detenidamente dos décadas de votos en el seno del banco central estadounidense (Vía Daniel Badía).

En él se afirma por ejemplo que “el análisis empírico proporciona nuevas evidencias que sugieren que el presidente Greenspan podría haber influido de forma sistemática en los presidentes de la Fed a la hora de votar hacia un consenso”.

Makram El-Shagi y Alexander Jung explican que de hecho Greenspan encontró más oposición o disensión cuando llegó al acargo en 1987 que su predecesor, Volcker, pero que supone ir acabando con ella: “during the second half of the Greenspan era, the FOMC usually took decisions by unanimity and never reported more than two dissenting votes”.

Eso sí, con un matiz. “While this is most likely due to a dominant chairman, other factors, such as the Committee’s consensus tradition and the presence of joint paradigms on monetary policy, may be difficult to disentangle from the Greenspan’sinfluence”.

Gary Silverman , en el FT, tiene una propuesta extravagante: Obama debería nombrar a Salman Rushdie, el escrito, para sustituit a Bernanke. ¿Por qué? Varias razones. Primero, porque alguien que se ha enfrentado a Irán no se amilanará ante los bond vigilantes. Además, ironiza, la Fed, desde hace tiempo, más que economía, lo que hace es literatura con sus comunicados. Y teniedo en cuenta que “The key, of course, is to be interesting without being understandable”, “anyone who has tried to read The Satanic Verses knows Mr Rushdie’s skills in this regard”.

En todo caso, no se preocupen por el futuro de Bernanke. Puede volver al mundo académico, o si lo prefiere, dar un salto al cine. “Fifty Shades Of Grey’s Producers Should Have Signed Ben Bernanke To Play Christian“.

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Este post es una versión editada y alargada de la Crítica de Ideas publicada ayer domingo en Mercados, el suplemento económico de El Mundo.