Historia-179En el número de septiembre de La Aventura de la Historia me han publicado un artículo sobre la recuperación económica de Alemania tras el final de la Segunda Guerra Mundial.

El título es “El milagro que no fue”. A principios de la década de los 50, el Times de Londres popularizó la expresión «milagro económico alemán», (Wirtschaftswunder) para intentar ilustrar con palabras lo que los números eran incapaces de hacer. Sus cronistas trataban de plasmar cómo un país destrozado por la guerra, con millones de muertos, ciudades derruidas, el 20% de las casas desaparecidas y en medio de un cambio total de paradigma había logrado, en apenas un lustro, una proeza económica como pocas antes en la historia”.  captura1

Sin embargo, sostengo, la palabra milagro no hace justicia a lo ocurrido. Se trató sin duda de algo extraordinario, pero no hubo intervención sobrenatural de origen divino, sino todo lo contrario. Se tomaron medidas imprescindibles, trabajaron muchísimo y bien y, además, tuvieron el punto adecuado de suerte y de colaboración.

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Si Alemania es hoy una suporpotencia se debe, en buena medida,  al proceso puesto en marcha hace ahora 65 años y asociado para siempre a los nombres de Adenauer, Alfred Müller-Armack, Wilhelm Röpke, Alexander Rüstow y, sobre todo, Ludwig Erhard.

Erhard, el hombre que tuvo la valentía de hacer lo adecuado cuando sus asesores (y los norteamericanos) le aconsejaban ir con calma. Que no dudó a la hora de crear el DeutschMark, liberalizar los precios, controlar el gasto y acabar con el racionamiento.

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