Desde hace meses, los economistas discuten sobre el efecto de las políticas de austeridad en el crecimiento económico. Para algunos, el austericidio es una ilusión y un grave error. Para otros, todo lo contrario.

Es un debate apasionante sobre ideas. Pero… ¿tiene algún efecto la consolidación fiscal sobre la desigualdad? Según un paper publicado por el FMI este mismo mes, sí. El estudio lleva por título Distributional Consequences of Fiscal Consolidation and the Role of Fiscal Policy: What Do the Data Say? (PDF, 37 páginas). Y explica que «las consolidaciones fiscales tienden a aumentar la desigualdad a través de diversos canales, incluidos los efectos sobre el desempleo».

Además, señalan, «las consolidaciones basadas en la contención de gasto tienden a empeorar la desigualdad más». Sus conclusiones afirman que la introducción de «impuestos progresivos, beneficios sociales y subsidios concretos en un contexto de disminución general del gasto pueden ayudar a compensar algunos de los impactos distributivos adversos». Sin embargo, el propio Fondo Monetario ha dicho que «las consolidaciones basadas en reducciones del gasto son menos dolorosas que las basadas en aumentos de impuestos» (PDF, nota de prensa de seis páginas).

La OCDE publicó el año pasado un interesante documento titulado “The equity implications of fiscal consolidation“, (PDF, 34 páginas) en el que afirma que ” The equity implications of fiscal consolidation In several OECD countries, ongoing fiscal consolidation might have a negative impact on the static income distribution. However, this conclusion should be treated only as an approximate first step in the analysis. A full assessment of distributional effects of consolidation packages would need to consider dynamic measures, such as life -time income distribution and the equality of opportunity, along with behavioural responses and interactions with other policies”.

La UE es también ambigua. Olli Rehn siempre ha comprado el argumento de la deuda del 90% y el crecimiento. Pero el mes pasado, en un Economic Paper publicado por la Comisión y titulado “The role of tax policy in times of fiscal consolidation” se dice que: “It was argued that tax increases depress economic activity and that expenditure cuts combined with tax cuts could make more sense in the long run. However in the short term and in some countries, tax increases may be needed to consolidate the public finances, while the tax expenditures – sometimes difficult to implement politically–are gradually kicking in. Country-specific contributions provided insights into fiscal consolidation experience of Ireland and Italy, highlighting recent reform”.

Intermon Oxfan opina igual que el último informe del FMI. En su reciente análisis La trampa de la austeridad. El verdadero coste de la desigualdad en Europa (PDF, 44 páginas) señalan por ejemplo que «los programas de austeridad europeos han desmantelado los mecanismos que reducen la desigualdad y hacen posible un crecimiento equitativo». Y anticipan que «si las medidas de austeridad siguen adelante, en 2025 entre 15 y 25 millones de europeos más podrían verse sumidos en la pobreza».

Eso sí, el efecto de las medidas de ajuste sobre la distribución parece ser bastante diferente de país en país. De hecho, las consecuencias de la consolidación podrían tener impactos diferentes en hombres y mujeres. En Reino Unido, castigaría mucho más a éstas últimas.

¿Por qué la democracia no ha logrado frenar la desigualdad? .”Fifty years ago, average Americans lived in a society that had been growing — and had become — much more equal. In 1963, of every $100 in personal income, less than $10 went to the nation’s richest 1 percent. Americans today live in a land much more unequal. The nation’s top 1 percent are taking just under 20 percent of America’s income, double the 1963 level”.

La relación entre ambas se ha analizado mucho. La Universidad de Oxford tiene desde hace tiempo un Centre for the Study of Inequality and Democracy (OCSID). En un gran artículo titulado Can the Government Actually Do Anything About Inequality? Tom Edsall recoge la respuesta de economistas y politólogos, con causas que van más allá de política e impuestos, como la composición de los hogares, cambios demográficos o patrones de voto.Es de lectura obligada, sus referencias son magníficas.

Lo del voto es particularmente interesante. Christian Houle ha desarrollado un modelo que muestra que una democracia, si logra igualdad, no deja de serlo: “Using a Markov transition model and a dataset covering about 2400 country-years between 1950 and 2001, I indeed find that – contrary to what the previous theoretical research has predicted – inequality has no systematic effect on democratization. Inequality does, however, destabilize already established democracies”.

John Voorheis, estudiante de la Universidad de Oregon, tiene un mapa animado estupendo sobre la evolución de la desigualdad en EEUU (Gini) desde 1977. Merece la pena verlo. A nivel mundial hay datos del Banco Mundial.

The Economist reclamaba esta semana que se recorten “los subsidios a los ricos para invertir más en los jóvenes“. Tyler Cowen aborda el tema de forma indirecta en su último libro. Acemoglu, en Five Books, hacía un balance de obligada lectura hace unos meses, explicando que la postura de los economistas es ambigua. También lo es cómo solucionarla.

Él mismo me dijo a mí, en una entrevista, que lo que más les preocupa a los economistas es la pobreza, no la desigualdad, incluso el crecimiento, aunque tendía a pensar que el aumento de la misma puede llegar a ser un problema.

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Este post es una versión alargada y editada de la Crítica de Ideas publicada hoy domingo en Mercados, el suplemento económico del diario El Mundo, bajo el título: “Democracia e igualdad. Austeridad, austericidio y el rol del Gobierno”.