¿Recuerdan la historia de la mujer que fue a McDonalds, pidió un café, se le cayó encima, denunció a la empresa y ganó 2,9 millones de dólares?

Seguramente no, porque ocurrió en febrero de 1992, pero seguro que el titular, la idea, sí. Parodias han salido en Futurama, Seinfeld y en todos los talk-show. Algo típico de EEUU. Demandas millonarias por accidentes domésticos, como por no poner en las instrucciones que un hacha no puede usarse contra el propio pie o que una sierra mecánica no debe acercarse a la lengua.

La historia es complicada.  The New York Times le dedicó ayer un artículo y un estupendo vídeo (de 12 minutos y en inglés, me temo) a la historia completa. Un caso que generó un debate impresionante sobre la necesidad de una reforma legal.

Stella Liebeck tenía 79 años. Fue con su sobrina al McAuto a desayunar, pidió un cafe y se lo sujetó entre las piernas. Ella no conducía. La taza se abrió, el café se derramó y le provocó quemaduras de tercer grado en el 6% de su cuerpo. Las fotos, que se ven en el vídeo, son brutales.

Las facturas médicas, tras una semana en el hospital, eran de 10.000 dólares. Le pidió esa cantidad [y una compensación] a McDonalds al juzgar que una cosa es el café caliente y otro a 190 grados fahrenheit (88º celsius). El suyo no era el único caso. Más de 700 personas se habían quemado con cafés del centro sin que McDonalds bajara la temperatura.

McDonalds se ofreció a pagar 800 dólares. Y fueron a juicio. El jurado estableció una compensaciónd e 2,9 millones de dólares, pero en realidad, al final, el juez rebajó los daños punitivos a 650.000 dólares, y se llegó a un acuerdo por unos 500.000. La familia de Stella se queja que todavía, 20 años después, las burlas son constantes.

McDonalds ha bajado la temperatura del café que produce. Ya sólo es 82 grados centígrados.

La historia completa, aquí. Así como el debate actual, en una sociedad en la que todo el mundo va con un vaso caliente a todas partes y las empresas pelean por desarrollar la última tecnología. Como vasos que no quemen.

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Full disclosure: hace 20 años una cafetera volcada me abrasó la muñeca. Estuve semanas yendo a curas. Ni olvido ni perdono al café.

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