El pasado 16 de septiembre, el reportero Javier Espinosa y el fotógrafo (freelance) Ricardo García Vilanova fueron secuestrados  en el ‘checkpoint’ de Tal Abyad, en la provincia siria de Raqqa, muy cerca de la frontera turca.  Estaban intentando salir del país después de dos semanas informando. Ayer, 194 días después, fueron liberados. La alegría es indescriptible. Es felicidad pura.

Hace seis meses, mientras se aclaraba quiénes eran los secuestradores y qué querían, la familia pidió un silencio absoluto sobre el tema. El periódico y las instituciones lo respetaron. Y también el resto de medios, nacionales o internacionales, con una excepción: Periodista Digital.

El de Espinosa y García Vilanova era un secuestro ‘a voces’. Pasaron de enviar fotos y publicar crónicas cada día, a nada. Ni un tuit siquiera, teniendo en cuenta que Javier era bastante activo. El último lo mandó el 15 de septiembre. Este mundo no es tan grande como para ocultar la desaparición de dos pesos pesados de ese calibre. Cualquiera que mirara el timeline de Mónica Gª Prieto esos días vería como pedía inmediatamente a cualquiera que en Twitter hiciera una alusión al tema, por pequeña que fuera, que la retirara.

Si no se hizo, no fue por casualidad. Dentro del propio periódico, los que sabían que estaba secuestrado no eran muchos, porque la discreción fue muy grande.

Sin embargo, el 28 de septiembre, 12 días después de la captura, Periodista Digital vio la luz y publicó la noticia abriendo su web a cinco columnas: “Javier Espinosa secuestrado en Siria por fanáticos islámicos“.

Era sábado. Esa misma mañana, temprano, lo vimos y empezó una cadena de llamadas de la que no conozco todos los pormenores. Yo estaba al margen. Se llamó a Alfonso Rojo, director de el medio y durante muchos años corresponsal de guerra de El Mundo. Se le pidió que retirara la noticia porque ponía en riesgo la seguridad de los secuestrados. de Javier. De su ex compañero. Y aceptó. La retiró de la home de Periodista Digital y durante un rato la url no funcionó.

Pongo noticia en cursiva no porque no lo fuera, sino porque en realidad no lo tenían nada claro. Y menos, confirmado. “aunque el diario ‘El Mundo’  no ha hecho el mínimo comentario ni ha informado sobre ello, todo indica que -al igual que ha ocurrido con Marc Marginedas,  enviado especial de ‘El Periódico de Catalunya’– ha sido secuestrado en Siria por fanáticos islámicos”.

“Todo indica”.

Sin embargo, poco después, volvieron a ponerla. Tal cual, pero con un añadido: “Desde el diario de Pedrojota, uno de sus directores adjuntos se ha puesto en contacto con Periodista Digital, solicitando la retirada de la información, con el argumento de que su publicación puede afectar a las gestiones que se están haciendo para lograr la liberación de Javier Espinosa”.

Es decir, que usaron la petición de retirada por parte del periódico como fuente para respaldar la noticia publicada sin seguridad. Como única fuente. Con un par.

Durante esa mañana siguieron las llamadas. Más peticiones para que retiraran la noticia, incluyendo alguna directa de la familia de Espinosa. Casi súplicas. Y la noticia fue subiendo y bajando de la home y de los servidores, sin criterio, de forma esquizofrénica. Hasta que al final optaron por mantenerla con los siguientes párrafos.

PD septiembre
No puedo expresar toda la rabia que me provoc(ó)a algo así. Más que indignación es ira.

“Al parecer, la empresa ha optado por la discreción absoluta y ha solicitado a otros medios, como la agencia France Press o el diario El País, que no se publique nada al respecto”.
“Al parecer”. Eso es rigor. “Al parecer”.

“En la redacción de Periodista Digital, tanto el director como los autores de la información -plenamente contrastada- han sopesado la solicitud de ‘El Mundo’  y tras quitar de portada la nota durante un rato, se ha llegado a la conclusión de que carece de sentido el silencio sobre un secuestro, que es conocido en la zona, coincide con el otros periodistas, cuyos nombres e identidades se han hecho públicos y cuya difusión en Google, Twitter y las redes sociales es inevitable e imposible ya de retirar. No se trata sólo de que el secuestro de uno de los mejores reporteros de guerra occidentales sea noticia relevante. En Periodista Digital  tenemos, además, la firme convicción de que no mantener en el secreto un hecho de estas características, contribuye mucho más a ayudar a resolverlo y a preservar la integridad del secuestrado, que ignorarlo o tratar de taparlo”.

La parte terrible, la repugnante, es la última. “En Periodista Digital  tenemos, además, la firme convicción de que no mantener en el secreto un hecho de estas características, contribuye mucho más a ayudar a resolverlo y a preservar la integridad del secuestrado, que ignorarlo o tratar de taparlo”.

El secuestro de dos españoles en Siria es noticia. Si además son reporteros y célebres, seguramente mucho más. Por eso ni yo, ni El Mundo ni ningún otro periodista, ni nadie, puede o podría reprocharle a Periodista Digital o a cualquier otro medio que lo publicaran. Ni se hizo.

Se le puede pedir (entre amigos, colegas, profesionales) un favor, como de hecho ocurrió. Con toda la prensa, nacional e internacional. No tenían por qué hacerlo, y de hecho hubo un largo y muy tenso debate al respecto. Es evidente que es corporativismo. Los medios publican (o deberían) lo que mucha gente no quiere que se publique. Y lo que se publica tienen consecuencias, muchas veces sobre la seguridad de otras personas. Baste recordar el caso de los cooperantes españoles secuestrados en África, por ejemplo.

Por eso, si alguien toma la decisión de publicar algo así, moralmente, éticamente, y sobre todo profesionalmente, no se le puede reprochar absolutamente nada, aunque duela, aunque irrite, aunque sea peligroso.

Sin embargo, lo que es del todo intolerable, respugnante, una bajeza, es presentarlo en los términos en los que se hizo. “tenemos, además, la firme convicción de que no mantener en el secreto un hecho de estas características, contribuye mucho más a ayudar a resolverlo y a preservar la integridad del secuestrado, que ignorarlo o tratar de taparlo”.

La convicción. Unos tipos, desde un bajo de Madrid, a miles de km de Siria y sin tener la más remota idea de lo que ha ocurrido, las circunstancias, quiénes son los secuestradores, qué piden, qué quieren, qué buscan, dónde están, tienen la convicción, la firme convicción, de que su decisión de publicarlo ayuda a resolver el secuestro y a preservar la integridad del secuestrado.

Más que el medio que lleva 12 días con ello. Más que el Gobierno. Más que la familia. Más que los que están negociando y que han pedido, que han rogado, que se mantenga en silencio esos días.

No sólo saben más, sino que saben lo que es mejor. Qué asco más grande.

Podría decir más. Explicar con palabras lo que siento. Con nombres y apellidos. Pero mi abogado tiene la “firme convicción” de que hacerlo contribuiría a que me ganara una demanda.

En realidad, tampoco hace falta. Hace tiempo que la distinción entre periodistas y ratas quedó muy clara. Unos van al infierno para contarnos lo que pasa. Los otros, tienen firmes convicciones.

 

 

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