Lean la tribuna que escribió esta semana Alfonso Armada en ABC: “El brazo de una muchacha en Ruanda“. Soberbia. Veinte años después del genocidio, recuerda una imagen que lo persigue desde entonces. La del brazo de una chica en una pila de cadáveres. “Yo no dejé mi cámara, no me metí entre los cadáveres, no busqué su cara, no le tomé el pulso. Seguí tomando fotos, quizá mordiéndome los labios. ¿Mordiéndome los labios?”.

Pero para poder entender, para de verdad comprender lo que significa, lean la crónica que Armada publicó sobre aquella misión con soldados italianos en abril de 1994. Lo hizo en El País con el título de “Cosecha de sangre en Gikoró” y es una de las piezas más terribles y escalofriantes que he leído nunca. También una de las mejores.

Hay una monotonía de la muerte que congela los labios e idiotiza la sonrisa“.

Los dos artículos están incluidos en la recopilación que hice hace un par de días en este mismo blog.

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