Me ha gustado mucho la columna de Rafael Latorre: “La mentira del padre Miguel Pajares“.

“Yo soy ateo. No agnóstico. Ateo. O sea, que estoy convencido de que los curas se pasan la vida creyendo en una mentira. Creo, además, que toda mentira es dañina. Y de sobremesa en sobremesa exhibo con arrogancia mi materialismo. Pero la coquetería me dura hasta el preciso instante en que me entero de que un misionero se ha dejado la vida en Liberia por limpiarle las pústulas a unos negros moribundos. Entonces me faltan huevos para seguir impartiendo lecciones morales. Principalmente por lo aplastante del argumento geográfico. Él estaba allí con su mentira y yo aquí con mi racionalismo”.

Uno de los párrafos que cita es de las cartas enviadas desde liberia por el misionero. Si el domingo pasado no comprásteis Crónica, leed ahora el artículo completo de Paco Rego: “Las cartas del ébola del misionero Miguel“.

“Tenemos muchos problemas. Han fallecido dos personas y 13 se niegan a venir a trabajar, quieren quedarse en cuarentena. Yo he ido cada día y he saludado a todos, me meten miedo, la muerte ronda. Se sospecha de algún caso más de ébola. Esperamos resultados. Es penoso pero hay que estar. Lo comparo a la guerra, aunque esto es más peligroso. El enemigo en casa. Estamos encomendando a Dios que haga su parte, todo, y nosotros a sus órdenes».

“Fusilado por cobardía y vuelto a morir como un valiente“. Me encantan estas historias de Jacinto Antón. Me he tenido que comprar “The anatomy of courage“, claro.

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