Ayer, el ministro español de Asuntos Exteriores, José Manuel García Margallo, hizo unas polémicas declaraciones a la llegada del Consejo de Asuntos Exteriores de la UE en Bruselas.

García Margallo explicó que España estaba en contra del sistema de cuotas propuesto la semana pasada por la Comisión Europea tanto para recolocar como para reasentar inmigrantes. O para ser exactos, con la fórmula para el cálculo de las mismas. Los detalles del plan los contamos aquí.

De forma muy resumida, la UE ha propuesto dos cosas diferentes. Por un lado, “invitar” a 20.000 refugiados de todo el mundo (en especial de Oriente Proximo y África) a que vengan a Europa. Esto es importante, es gente que no está en Europa ni ha venido, sino que tienen problemas en sus países o están desplazados.

Estas 20.000 personas serian repartidas entre los Estados Miembros en función de unas cuotas [voluntarias], que se calculan a partir de una fórmula. En la misma, se tiene en cuenta el tamaño de la economía (pesa un 40%), la población total (otro 40%), la tasa de paro (un 10%) y los esfuerzos anteriores para conceder asilos (otro 10%).

Según esos cálculos, a España le corresponderían 1.549 refugiados.

Tabla 2

Ojo, siempre hablamos de refugiados y asilo, no de emigrantes. Esta, propuesta, como el resto de las de la Estrategia de Inmigración de la UE, “no son para emigrantes por causas económicas”, que según las autoridades españolas son la mayoría de los que cruzan el Mediterráneo en embarcaciones, sino para los que necesitan asilo, refugio o permanencia. En este otro artículo de la semana pasada, con los datos de concesión de asilos de la UE en 2014, se explica un poco más.

El plan europeo tiene un segundo pilar. Como desde enero han detectado una “emergencia humanitaria” por un “flujo” no habitual de emigrantes, desde el norte de África hacia Italia, Grecia y Malta, ha decidido recolocar en el resto de países a parte de esas personas. Porque se considera que los esfuerzos, en especial de Italia, han sido muchos y no puede hacer frente a la situación sola.

A finales de este mes dará una cifra de cuántos cree que pueden y deben ser recolocados, y ha propuesto otra cuota para el reparto. A España, por ejemplo, le corresponderían el 9,1% de esa cifra, que no es conocida aún. A Alemania, el doble, un 18,42%.

Tabla 1

En algún borrador y en la fase previa de negociaciones se habló de que fueran otros 20.000, pero no está claro. Según la UE, en los cinco primeros meses del año 25.400 personas han sido rescatadas en el Mar de Sicilia. Podrían ser más o menos.

Volviendo al inicio. Ayer, el ministro dijo que España estaba en desacuerdo con la fórmula porque la tasa de paro y los esfuerzos previos estaban “infrarepresentados e infraponderados”. Que el sistema no era “proporcionado, justo y realista”. Y que la tasa de paro debería tener un peso mucho mayor, porque los emigrantes acogidos deberían tener acceso a un trabajo, una vivienda y servicios sociales. Y es un “mal servicio” acoger si no vas a poder ofrecer algo digno.

Es decir, que España, como tiene una tasa de paro muy alta, y como en los años de la burbuja aceptó a muchos emigrantes, debería ver reducida su cuota. Ese 9,1%.

El ministro ya había dicho algo parecido el fin de semana, pero al repetirlo en Bruselas, a la entrada de una reunión con sus homólogos el día que se discute parte de esa estrategia de inmigración, sus palabras tuvieron mucho más eco.

Las declaraciones fueron llamativas por dos razones. La primera, es que aunque la fórmula varíe, España estaría protestando por unas decenas o como mucho unos cientos de casos. Y no somos precisamente el país que más asilos concede (aunque caso distinto es lo que ocurrió durante la última década con residencias).

Pero hay una segunda razón, y es que las cuotas, esos temas, en realidad no son “asunto” del ministro de Exteriores, sino del Interior.

En la rueda de prensa posterior a la reunión, que dio de forma conjunta con el ministro de Defensa, Pedro Morenés, Margallo explicó que durante el encuentro había usado una de sus intervenciones para expresar el descontento de España y reclamar otra ponderación.

Le pregunté al ministro cuál fue la reacción de sus homólogos, o de la alta representante para la Política Exterior, Federica Mogherini,  de la Comisión, que es la que hizo la propuesta. Y Margallo respondió que en realidad “no esperaba respuesta” porque el tema que sacó no estaba en la agenda. Porque a esos ministros no les corresponde ni opinar ni discutir sobre ello. Y que en realidad “no era una propuesta firme”, sino que había “avanzado” a sus colegas algunas ideas.

También le pregunté al ministro si tenía sentido que un país con 47 millones de habitantes y un PIB de un billón de euros “regatee” con la UE por unas decenas o como muchos centenares de casos, cuando apenas concedimos 1.600 asilos en 2014 y cuando de los 20.000 que van a ser reasentados nos corresponden menos de 1.600.

Su respuesta fue críptica. Margallo respondió que las cifras que se han comentado y las del año pasado, resultantes de las citadas cuotas, “se van a quedar muy cortas cuando la Comisión las ponga negro sobre blanco. No es por regatear, se trata de no generar falsas expectativas”.

Repregunté inmediatamente para intentar entender si el ministro estaba diciendo, por ejemplo, que la cifra de recolocados que baraja la Comisión puede ser mucho más alta de las estimaciones anteriores. Pero el ministro dijo que no hablaba de cifras, sino de porcentajes. Y citó a Azaña, diciendo que si en España todo el mundo hablara sólo de lo que sabe se haría un silencio nacional que permitiría la reflexión.

No quedó claro si España prevé que ese 9,1% vaya a ser muy superior (por ejemplo, porque Reino Unido, Irlanda y Dinamarca no están obligadas a aceptar cuotas si no quieren, y sus porcentajes puedan ser redistribuidos). Si se espera que en lugar de a unos 20.000 se vaya a recolocar a muchos más. O simplemente que el mensaje ayer no era para la UE, sino para un público interno de cara al 24M.

De hecho, cuando otros compañeros quisieron más detalles, el ministro de AAEE respondió que no tuviéramos prisa, no entendiendo cómo los periodistas querían más detalles sobre algo tan relevante y que además él había sacado en la reunión que no correspondía.

Margallo cerró la rueda de prensa, entre risas, con dos frases. No podían aceptar muchas preguntas más porque tenían prisa. “Tenemos que ir a ganar unas elecciones”. “Nos tenemos que ir a hacer campaña”.

Y se fueron.

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