Lecturas de Domingo

– N. R. Kleinfield en The New York Times: “Fraying at the edged“. A withered person with a scrambled mind,memories sealed away: That is the familiar face of Alzheimer’s. But there is also the waiting period, which Geri Taylor has been navigating with prudence, grace and hope. Quizás el reportaje más largo del año. Más de 20 meses de trabajo de uno de los periodistas más reputados del NYT documentando el deterioro de Geri Taylor. Se puede leer también en español:  Los hilos de una vida que se desvanece: una mujer pone luz a la oscuridad del Alzheimer.

 – Shaun Walker tn The Guardian: “The day we discovered our parents were Russian spies“. For years Donald Heathfield, Tracey Foley and their two children lived the American dream. Then an FBI raid revealed the truth: they were agents of Putin’s Russia. Their sons tell their story. ¿Os recuerdo mucho a The Americans? No es casualidad…

– William Kremer en la BBC: “The cave divers who went back for their friends“. En febrero de 2014 un grupo de expertos buceadores finlandeses fue a explorar una cueva en Nnoruega. Una operación complicada, de horas de duración. Y peligrosa. Dos de ellos nunca volvieron a casa. En la pieza, la BBC cuenta la historia de este grupo de amigos y de cómo los supervivientes volvieron un año después a intentar rescatar los cuerpos de sus amigos. Hay un documental sobre ello que acaba de salir: Diving into the unknown

– Cologne four months after the fact. Brutal esto en De Correspondent. Han puesto a dos periodistas a tiempo completo a investigar qué paso en Colonia en Año Nuevo. Los datos son brutales: al menos 13o agresores (sólo 31 identificados), mas de 1.200 víctimas. Y aquí su trabajo detalladísimo tras hablar con testigos, víctimas, policías a investigadores. En varias piezas:

Time for the facts. What do we know about Cologne four months later?

Minute by minute. This is what happened in Cologne on New Year’s Eve

News after the fact. Reporting on New Year’s Eve in Cologne, with hindsight

– Maurice Chammah: en Guernica Magazine: My father¡s Aleppo“. A Syrian Jew’s exodus and return.

Tim Parks en T Magazine:  “One of Florence’s Oldest Families and Its 600-Year Archive“. The Corsinis kept a record detailing their every decision — and every ledger, bill and correspondence they ever produced. Alucinante.

Fernando Múgica (1946-2016)

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ULISES

Ayer, al borde de los 70, murió Fernando Múgica. Me enteré muy tarde, después de cenar. Había estado fuera, bastante desconectado. Y me puse a llorar.

Yo lloro muy poco y Fernando no era un amigo cercano, pero la tristeza que sentí fue infinita.

Es difícil explicar. Si leéis los muchos artículos que se han publicado en las últimas 24 horas (los enlazo abajo), los comentarios en Twitter o Facebook de sus colegas, amigos o alumnos encontraréis en casi todos tres ideas: que siempre sonreía, que era buena persona y que tenía una pasión desbordante.

Las tres son rigurosamente ciertas. No he conocido nunca a nadie, de cualquier edad, con tanta pasión, tantas ganas. Siempre con una o dos o tres cámaras de fotos encima, más que dispuestos a prestarlas.

Observador incisivo y hombre despistado, caótico, desordenado y tremendamente atento y generoso. Si lo veías una vez pensabas que era o un genio despistado o un niño en cuerpo de hombre. Si lo veías dos veces dudabas. A la tercera te había ganado para siempre.

Yo lo conocí hace 10 años, en el Master de El Mundo. Era profesor de fotografía, o algo parecido. De fotografía no recuerdo que me enseñara nada, pero de mirar, todo. No perdió un minuto en hablar de técnica, de máquinas. Era todo la mirada, el buscar, el ver. Y logró llegar, como nadie, a un grupo de veinteañeros cínicos.

Yo quería hacer las prácticas en Internacional, lo que siempre me había apasionado. No estudié periodismo y mi único vínculo eran los muchos libros de corresponsales, de guerras, de reporteros que tenía en casa. De gente exactamente como él. Tenía una idea idiota en la cabeza de cómo debían ser y alguien tan afable, cariñoso, cercano no encaja mucho.

La primera vez pensé que era una gloria venida a menos, cargado de historietas y batallitas. No podía estar más equivocado. Desde ese día y cada vez que me crucé con él me demostró que era jodidamente listo, que no se le escapaba nada. Tenía una capacidad de comprender lo que sucedía, la big picture (pun intended).

Fernando tenia también muchos pájaros. Había días que parecía que tenías delante a JJ Benitez, su amigo de la infancia. Durante los últimos ocho años cada vez que nos encontrábamos me hacía un saludo militar y guiñaba el ojo. Un día me vio haciendo deporte cerca del periódico, con el pelo rapado, y jamás pude convencerle de que yo no era parte de los servicios de inteligencia de Israel. Jamás. Se cuadraba, guiñaba un ojo y se despedía con “shalom”.

En 2006, acabando la parte teórica del Master, yo quería ir a Internacional y él me lo desaconsejó, por decirlo de forma suave. Me dijo que cometería un error inmenso y me arrepentiría el resto de mi vida. Que yo tenía que ir a Opinión. Sin muchas más explicaciones. No entendí nada, no tenía ningún sentido. Parecía una boutade aleatoria de alguien ya de salida, desconectado del día a día de una redcción.

La semana siguiente me lo volvió a repetir. Y se puso pesado, hablando incluso con la gente del Master directamente. El cabrón lo tenía clarísimo y acertó de lleno.

Me lo dijo tiempo después. Vio que era un listillo y que iba a chocar con la gente de su sección, con los suyos. Los conocía bien. Sabía que yo necesitaba una cura de humildad, de paciencia. Y necesitaba entender cómo funciona un periódico, una redacción, y que eso no lo iba a entender en Internacional. Y fue así. De haber ido a Internacional es probable, casi seguro, que yo no estaría ahora aquí en Bruselas como corresponsal del periódico. Fernando, en un instante, lo vio claro y me cambió la vida.

Ayer por la noche mi amigos y compañeros lloraban por él igual que yo. Literalmente. Es difícil de explicar porque casi ninguno era amigo cercano. Pero Fernando era la bondad, la sonrisa, la alegría. La pasión absoluta por el periodismo, por estar donde pasan las cosas y contarlas. Por ser testigo y compartirlo. En Vietnam, Sierra Leona, un charco en el centro de Pamplona o la banda de un estadio de fútbol.

Lo decía ayer Rojas: “De Fernando Múgica copiaba hasta la manera de abrocharse el zapato. Lo veía por la redacción y me decía: “Yo quiero ser como ese tipo”. Alto, guapo, elegante. Con una carrera larga, completa. Para entenderlo bien tenéis que leer a Errea y a Edu.

Cuando te quejabas de los horarios, del sueldo, de un madrugón, de un bronca del jefe siempre respondía lo mismo entre risas: “¿No querías ser periodista”. No deja de ser una maldita ironía que nos deje en medio de un ERE. De otro.

Que a un periodista le recuerden por su trabajo, por sus fotos, sus reportajes, supongo que es lo mejor que le puede pasar. Que te recuerden entre lágrimas tus compañeros, los que no eran siquiera amigos muy cercanos, yo creo que dice mucho más. Por su fuerza, su pasión, su sonrisa. Por esa mirada contagiosa. Porque era uno de los últimos del mundo de ayer.

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Javier Errea, que es su sobrino, en su blog sobre “Fernando Múgica“.

Eduardo Suárez en Medium: “Es mágico que esté todo por hacer“.

José Aymá en El Mundo: “Un fotógrafo que sabía mirar“. De profesional a profesional.

Lucía Méndez el sábado en su columna de El Mundo: “Te informo, querido Fernando“.

Mónica García Prieto también en El Mundo: “Siempre nos quedará Kabul“.

Iñaki Gil y Juan Carlos Laviana: “Reportero, ‘gentleman’ y buena persona“.

Iñaki de nuevo en Crónica el domingo: “Últimas tardes con Fernando“.

Pedro J. Ramírez  en El Español: “La leyenda de Fernando Múgica“.

Pedro Gª Cuartango en El Mundo: Retorno a silos.

J. J. Benitez en El Mundo: “Compañeros de pupitre y oficio“.

Arturo Pérez Reverte en Zenda: “Alto, rubio y tranquilo“.

Alberto Rojas en El Mundo: “El último reportero clásico“. Con los testimonios de corresponsales de guerra como él.

David Jiménez en su carta del domingo: “El reportero que habría plantado a Lana Turner“.

 Vicente Romero en El Mundo también: “Un periodismo que se muere“.

Fernando Baeta en El Español: “El último periodista“.

Agustín Rivera, en su blog, recuerda al “Escuchador de historias“.

Federico Jiménez Losantos le dedicó el arranque del programa del viernes de Es Radio.

El 11-M me ha costado la vida“, una entrevista que le hizo Lorena G. Maldonado

Luis del Pino en Libertad DigitalFernando Múgica, in memoriam

Javier Somalo, también en LD: “Fernando Múgica, la duda y la ilusión“.

Vicente Lozano en Medium: Mi último recuerdo de Fernando Múgica

María Ramírez en El Español: Las cerezas

Alberto D. Prieto en Ok Diario: Un reportero de película.

Un “In memoriam” de Ana María de Luis Otero en Periodistas en español

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RICARDO

VÍDEO:

Fernando Múgica, periodista, maestro, amigo. Algunos de los periodistas de El Mundo evocan recuerdos vividos junto al reportero Fernando Múgica.

MÚGICA EN SUS TEXTOS

Saigón: el bus que nadie quería perder

Los agujeros negros del 11-M

 

La apuesta que aisló a Merkel

How Merkel Has Gambled Away Her EU Power. Muy duro artículo en Der Spiegel sobre la canciller y su apuesta perdida en la crisis de refugiados: “It is yet another incident that demonstrates Merkel’s loss of power. The chancellor has played a variety of roles in Brussels throughout her career. She began as a clumsy novice, but as a result of the euro crisis she ultimately became the most powerful leader in Europe. Now, however, she has isolated Germany in the European Union to a greater degree than any chancellor before her“. (Negritas mías)

– Barry Eichengreen y Charles Wyplosz, sarcásticos como nunca: How the Euro Crisis was successfully resolved.

Sultan Al Qassemi escribe en el Middle East Insitute: The Arab World’s Other Migration Problem. “Most Arab societies have become more homogenous over the past few decades. We have lost our Jewish minorities and the number of Christian Arabs is dwindling either due to voluntary or forced migration. Shiite Arabs are assailed on social media and associated with the disruptive behavior of the Iranian regime. By the end of this century, some Arab states may be completely emptied of the few minorities they have today”.

–   Evan Osnos en The New Yorker: Donald Trump and the Ku Klux Klan: A History.

Uber seems to offer better service in areas with more white people. That raises some tough questions.

 

Lecturas de Domingo

Jefrrey Goldberg en The Atlantic escribe el artículo de la semana, del mes y quizás del semestre en política exterior: The Obama Doctrine. The U.S. president talks through his hardest decisions about America’s role in the world. Un texto descomunal, de más de 20.000 palabras, con un acceso extraordinario a las más altas fuentes: el presidente Obama, al que entrevista varias veces a lo largo de seis meses, los últimos secretarios de Estado, jefes de la CIA, Defensa, Seguridad Nacional, primeros ministros extranjeros, asesores, etc. Es un trabajo periodístico fabuloso que a partir de un hecho concreto (el cambio de opinion casi de un día para otro de Obama sobre la intervención en Siria) permite reflexionar sobre su concepción de la política  internacional. Sobre si Obama es un realista o no. Sobre lo que llama the Washington Playbook, ese consenso que se crea en la ciudad entre think tanks, Gobierno, Congreso, expertos y medios de comunicación y que, denuncia Obama, empuja a la presidencia a tomar decisiones que realmente no quiere tomar.Se puede discutir sobre las ideas del texto, sobre las implicaciones o ausencias, pero es un trabajo de esos que uno sueña con poder hacer.

– Por el lado opuesto, Thomas Wright en Politico analiza las (consistentes) visiones de asuntos exteriores del favorito republicano:  Trump’s 19th Century Foreign Policy His views aren’t as confused as they seem. In fact, they’re remarkably consistent—and they have a long history.

Martin Chulov desde Bagdad en The Guardian:  Post-war Iraq: ‘Everybody is corrupt, from top to bottom. Including me‘ A corrupt political class has led a 13-year pillage on public money in the pursuit of power. As oil prices fall, further jeopardising the country’s revenues, there is little hope that governance will improve.

Mariangela Paone, en El Español, desde Grecia: Bebés en el barro, abortos espontáneos y madres sin leche: por qué Idomeni es la vergüenza de Europa

Michael Fitzgeral en Nautilus:  How the Mormons Conquered America. The success of the Mormon religion is a study in social adaptation.

Jeff Maysh en The Smithsonian:  The Man Who Sold the Eiffel Tower. Twice. “Count” Victor Lustig was America’s greatest con man. But what was his true identity?

Adam Nossiter en el NYT sobre Alain Finkielkraut:  Once Hopeful for Harmony, a Philosopher Voices Discord in France.

Sudip Bose en The American ScholarThe Sound of Silence. Jean Sibelius and the symphony that never was.

David Laskin en el NYT también: 500 Years of Jewish Life in Venice. A journey into one of the world’s oldest Jewish ghettos, where this year a long, rich history is commemorated.

–  En 1843  Magazine: “Why do we work so hard?  Maybe it’s because work is satisfying. Maybe it’s because we’re trapped. Or maybe, as Ryan Avent suspects, it’s because of a troubling combination of the two

– Y un anónimo en Medium para terminar:  What it’s like to be that fat person sitting next to you on the plane.

 

Cambio, costuras y tropelías turcas

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Las secuelas de Fukushima cinco años después.

El irresistible atractivo del cambio. Ramón González Ferriz en Ahora sobre el inmenso prestigio del cambio, el impacto en la vida diaria y la democracia, y algunas realidades más profundas.

– Martin Chulov en Bagdad: Post-war Iraq: ‘Everybody is corrupt, from top to bottom. Including me‘. A corrupt political class has led a 13-year pillage on public money in the pursuit of power. As oil prices fall, further jeopardising the country’s revenues, there is little hope that governance will improve.

– En el periódico del fin de semana escribí sobre Las costuras de Europa, la media docena de crisis que amenazan con la tormenta perfecta y por qué debemos preocuparnos.

– Y en el blog de El Mundo, sobre El arte europeo de taparse la nariz y mirar para otro lado, en relación con la crisis de refugiados y a las cosas a las que la realpolitik lleva a la Unión.

– Selkuk Gultasi, corresponsal en Bruselas de Zaman, explica la última tropelía del Gobierno turco: Erdogan, prince of Europe, took my newspaper Zaman.

– Manolo Conthe en su blog de Expansión: El dilema de Sánchez. Desde la psicología social y al más puro estilo Conthe.

¿En qué has cambiado de idea?

Desde hace muchos años, mi blog de referencia es Marginal Revolution, gestionado por Tyler Cowen (sobre todo) y Alex Tabarrok (bastante menos), dos profesores de economía de la George Mason University.

Cowen es un tipo fascinante. Campeón estatal de ajedrez de New Jersey a los 15 años, lector voraz, doctor en Economía por Harvard, escritor compulsivo (15 libros y decenas de artículos), microbloguero diario, ensayista, columnista en las principales publicaciones norteamericanas. Y cada vez más, una figura en el debate público.

En 2004 una lectora de su blog le escribió (yo en los últimos años le he escrito muchas veces y siempre me ha respondido en cuestión de horas) diciéndole que tenía toda pinta de ser autista o algún tipo de Asperger (como ella misma). Al principio él se lo tomó mal. Pero con esa capacidad de trabajo y síntesis que tiene se dedicó a leer, aprender y estudiar el tema y acabó autodiagnosticándose un “autistic cognitive style”, aunque nunca buscó a un profesional para corroborarlo.

En vez de eso, escribió un libro sobre la capacidad de analizar y clasificar cosas de los autistas y una visión personal de la economía: Create Your Own Economy: The Path to Prosperity in a Disordered World

Cowen tiene una capacidad de asimilación de información descomunal, no parece humana. Pero para mí, lo más llamativo no son sus conocimientos, su trabajo o sus intereses. Lo que hace de Cowen un personaje excepcional son sus preguntas.

He entrevistado a decenas o cientos de personas en mi mi vida. A muchos economistas de talla mundial, incluyendo muchos Premios Nobel. Los hay hay mediocres, normales, buenos, buenísimos, genios. Pero normalmente valoramos, juzgamos, por la calidad de sus respuestas y la profundidad de sus conocimientos. Por su talento para predecir o su capacidad de explicar.

Cowen es extraordinario en el nivel siguiente, el que para mí de verdad distingue a los buenos de los mejores, a los pensadores de verdad, los que se salen de la caja. Cowen es uno de los que ‘crea’ las preguntas, que es capaz de imaginar escenarios completamente diferentes, el que rompe con las categorías con las que nos hemos criado y educado.

Es verdad que el mundo anglosajón tiene esa capacidad de buscar alternativas, nuevos escenarios. Es allí donde encuentras libros sobre qué hacer en caso de un Apocalipsis zombie, una guerra nuclear, si eres el último ser humano vivo, cómo sobrevivir a una gran catástrofe, etc . Desde fuera muchas veces nos reímos de esas ocurrencias, pero la profundidad que hay detrás de ese approach es esencial. Es prepararse para la imposible y estar listos para lo improbable.

Hoy, en un gran post, Cowen se pregunta lo siguiente: “Given that Trump is winning, which other views should we update?“.

Es muy clarito: durante mucho tiempo hemos tratado con desdén la posibilidad de que alguien como Trump llegara a donde está (sí lo sé, hay mucha gente que seguro que lo vio venir, lo avisó o se alegra, pero seguramente podremos coincidir en que la mayoría consideraba(mos)  inverosímil que alguien como él, con una campaña como la que ha hecho en 2016 y las afirmaciones que ha hecho una detrás de otra pueda ser el candidato Republicano).

Cowen, en lugar de quedarse en el debate manido, presenta un enfoque interesante: ¿en qué más estábamos equivocados? ¿Qué más debemos replantearnos? Porque podemos tratar de ajustar la realidad a nuestro esquema o asumir que el marco en el que nos movemos quizás no era correcto, nos guste o no. Y eso no tiene que empujar a recalibrar.

A principios de año escribió otro post: What caught my attention in 2015. Con reflexiones de todo tipo, desde que la Quinta temporada de Homeland ha sido magnífica (porque lo ha sido), al curling, a los deportistas que más le han interesado pasando por la deriva antiliberal de los países de Europa del Este o las zonas más interesantes de China para visitar.

Lo importante no es que lleve razón o no, sino sentarse a pensar en algo así. En qué ha sido lo más llamativo para nosotros de 2015, qué reflexiones sacamos, qué nos ha gustado y qué nos ha asustado, qué nos ha sorprendido y qué no. Eso obliga a saber dónde estábamos, que pensábamos, por qué. A cuestionar la fuente de nuestras certezas o de nuestras impresiones más vagas.

Mi ejemplo favorito de Cowen es quizás del año pasado, una pregunta que me hice entonces y me hago cada enero. ¿En qué he cambiado de opinión?

No es fácil, verdad. ¿De qué tema estabas completamente seguro y has modificado tu posición? ¿Qué creencia, sólida o semisólida, has dejado atrás en los últimos 12 meses? ¿Y por qué? ¿Deducción, inducción, una experiencia personal?

El pasado marzo Stephen Waltz tenía un artículo estupendo con más horquilla: I changed my mind, con temas de lo más dispares: desde la capacidad de transformación de las ciencias sociales hasta el poder del análisis cuantitativo, pasando por la política exterior de EEUU en numerosos campos.

Responder preguntas es muy necesario. Si tengo que elegir, intuitivamente, prefiero al que tiene respuestas que al que no. Pero hacer preguntas, descubrir que necesitamos hacer preguntas, es lo que cambia el mundo.

Hay gente muy buena respondiendo, pero hay poquísimos capaces de descubrir o crear las preguntas. Llevo desde diciembre de 2014 dándole vueltas al asunto. Cuando estoy frustrado me digo que hace falta tiempo, o un trabajo como profesor de Universidad para algo así. Busco excusas. Me digo que mi cerebro era muchísimo más rápido, activo, cuando era estudiante.

Hace una década podía leer más rápido, discutir con los profesores y tirarme horas y horas de tertulia sobre temas de una enorme abstracción. Hoy no puedo. La última década, mi trabajo, han cambiado totalmente la forma de procesar información de mi cerebro y la forma de darle salida. Produzco cosas muy concretas, tangibles, pero he perdido la capacidad de abstracción, de evasión, de mezclar, de llevar la filosofía a la historia y la lingüística a la política. De sentarme a pensar cuántos de los objetos que ahora usamos diariamente serán imprescindibles dentro de 10 años y cuántos recordaremos dentro de 20. De tratar de imaginar cuántos países habrán dejado de existir y cuántos nacerán en el próximo cuarto de siglos. De quiénes son los líderes mundiales que de verdad tienen impacto y de qué escritores que hoy vemos como menores serán reverenciados en el siglo XXII.

 

En los últimos dos años he cambiado de opinión en muy pocas cosas. Me he vuelto más tolerante (hacia el karaoke, por ejemplo), más abierto (en gastronomía), más humilde (en la contundencia de mis opiniones), menos agresivo (en las discusiones), más cobarde (en las críticas personales a los que sé que me leen en temas no profesionales), más receptivo (en las escalas de grises).

En algunos temas no he cambiado sustancialmente de opinión, pero me he dado cuenta de que no le dedicaba la atención, la importancia o la ponderación que merecen. Por ejemplo, al efecto de la desigualdad en las sociedades modernas. El machismo y lo que los hombres tenemos que hacer. La parálisis de la UE. Los enemigos (internos) del periodismo.

Leer a Cowen me deja muchas veces chafado, impotente, insignificante. Me hace ver que estoy siendo tremendamente perezoso y sin motivo, que no necesito bibliotecas, recursos ni más tiempo libre del que ahora tengo para cambiar radicalmente mi forma de entender el mundo. Pero al mismo tiempo, su blog me ayuda a darme cuenta de que salirse de la senda cotidiana es en realidad posible, me ayuda a saber que estoy en una senda y cuáles son los limites. Me anima a seguir buscando.

A un blog se le puede pedir muchas cosas más. Marginal Revolution me da todo eso gratis. Cada día.

After sleeping through a hundred million centuries we have finally opened our eyes on a sumptuous planet, sparkling with color, bountiful with life. Within decades we must close our eyes again. Isn’t it a noble, an enlightened way of spending our brief time in the sun, to work at understanding the universe and how we have come to wake up in it? This is how I answer when I am asked—as I am surprisingly often—why I bother to get up in the mornings.

Richard Dawkins

Lecturas de Domingo

Esta semana Brexit no me ha dejado mucho tiempo libre, así que sólo dejo unos pocos enlaces. Buen domingo a todos.

– En The New Yorker un reportaje fantástico, brutal de Nicola Twilley: Gravitational Waves Exist: The Inside Story of How Scientists Finally Found Them.

– En la London Review of Books de noviembre (ya, lo sé, pero no he tenido tiempo hasta ahora de ponerme al día) hay un artículo maravilloso sobre Alma Mahler. Admito que empecé  a leerlo pensando que tras tres párrafos iba a pasar a algo que de verdad me interesara, y más con un título tan vago como She gives me partridges.  Antes de acabarlo ya había comprado el libro que reseña. Un texto estupendo que refleja los puntos oscuros de un personaje fascinante, poderoso, viuda de uno de los compositores más grandes. De una antisemita que se casó con dos judíos y marcó la escena cultural de una generación.

– En la misma LRB de noviembre, un ensayo necesario: ‘I’m a petitioner – open fire!’, de Chaohua Wang sobre la Justicia y el sistema legal en China. Una relato apasionante sobre la falta de garantías, el control estatal, las persecuciones y decisiones arbitrarias a través del caso de los petitioners, los que reclaman ante injusticias flagrantes y el grupo reducido de luchadores por las libertades que se juegan el tipo cada día. Con un Podcast incluido, por si alguien prefiere escucharlo.

I Couldn’t Decide If We Should Live or Die. Like many in the West African country of Niger, I was married and pregnant by 14. And then I began to bleed. By Fati Yayaha (as told to Jennifer Koons). Los pensamientos de una niña obligada a crecer deprisa y que, de golpe, encuentra, quizás, su lugar en el mundo.

– Gonzalo Ugidos en Crónica de El MundoVerdún: La batalla que volvió locos a los hombres.

– En The New York TimesDeath, the Prosperity Gospel and Me. Some Christians believe that God rewards the faithful. So why did she get Stage 4 cancer?

– Iñako Díaz-Guerra entrevista a Gerard Piqué para Papel.

Schuldenabbau, ach wo!

Hace unos días, los compañeros de Die Zeit, el semanario alemán, me pidieron un artículo sobre España y la polémica sobre el déficit. Les llegó el debate que había en España y querían saber algo más sobre la posición del Gobierno y, sobre todo, de Pedro Sánchez y Ciudadanos en el cumplimiento de los objetivos pactados con la UE.

Ya puesto, me decían, algo que combinara eso con la situación de bloqueo político y la incapacidad de formar gobierno. Sazonado con la lucha por la “flexibilidad” que se vive en Bruselas cadad día, con la presión francesa, italiana, portuguesa y hasta austriaca.

El resultado es éste: Schuldenabbau, ach wo!

Suscripciones para 2016

Hace un par de años, al empezar el curso, escribí sobre las suscripciones a publicaciones que tenía, iba a renovar o abandonar. Voy a repetir el mismo ejercicio con un poco de perspectiva. Y quizás con algo más de explicación. Las reflexiones de entonces las mantengo: no me da tiempo a leer ni una mínima fracción, pero hay que pagar para que puedan seguir haciéndolo.

The New York Times (online). Llevo ya tres años, si no recuerdo mal, y no puede estar más contento. Es el mejor periódico del mundo, de lejos. Por filosofía, por sus intereses, por enfoque y por los medios. Más de 1.000 periodistas, decenas de corresponsalías con muchas manos, ambición, reflejos, capacidad de reacción, de enviar a un equipo inmenso a cubrir un tema o de liberar a efectivos para meses de trabajo. Cubre todo lo que me interesa, desde política nacional a internacional pasando por ciencia, deportes y obituarios. Pago al mes 19,07 euros por el acceso en ordenador y en tablet, y da acceso a hemeroteca y al Times Machine. Simplemente espectacular. La primera recomendación.

The Economist (papel y online). Están en todo, siempre. Análisis cuidado de la política de Indonesia, las ondas gravitacionales, las razones económicas del color de un iglú o el sistema fiscal de Sri Lanka (de verdad). Muchas veces, leyendo lo que escriben de España, me ha parecido superficial, pero rara vez he visto algo que me pareciera equivocado, exagerado o inaceptablemente parcial. Son 225 euros al año con la entrega semanal en el buzón.

The New York Review of Books. (papel y online)  Llevo años leyendo sus largos ensayos pero todavía no me había suscrito en papel. Está todo. Oliver Sacks, isaiah Berlin, Trevor Rooper, Mark Lila, Buruma, Hitchens, Tony Judt, Arendt, Vidal. Todos. Era de justicia recompensar en la medida de lo posible. 107,39 euros por un año y 20 números.

Financial Times (papel y online). Es la Biblia si estás en Bruselas. Son los que sacan prácticamente todos los scoops, los que se enteran de todo y ponen las manos en los documentos antes que el resto. Y la edición de los fines de semana es estupenda. Hay una oferta de tres meses, con el ejemplar en papel cada mañana en el buzón, por 50 euros.

Ahora (papel y online). Una de las mejores sorpresas de los últimos meses, si es que algo dirigido por Ramón González Ferriz puede sorprendernos que sea bueno. Los últimos números, y apenas llevan dos decenas, son magníficos. Análisis reposado, sin prisa, cuidado. Buscando siempre gente que conozca los temas. Desde los debates en la física moderna al estado de Grecia pasando por las crisis de la UE o el futuro de un gobierno de coalición. Muchísimas firmas nuevas, aportando aire fresco. Apenas 120 euros por el ejemplar cada semana en casa. Llega al kiosko el viernes y a mi casa en Bruselas en lunes por la mañana.

Letras Libres (papel y online). Era estupenda con Ramón al frente y ahora con Daniel Gascón casi mejor, si me permiten. Nivel altísimo, entrevistas largas a historiadores y ensayistas, los análisis de Dudda, artículos de jóvenes académicos españoles y de periodistas atrevidos. Buenísima.

The Browser (online). Un agregador fantástico. Cada día (o semana o cuando prefieras) te envían una newsletter con los mejores artículos (en inglés) que encuentran. De publicaciones de todo el mundo. Ensayos, long features, análisis, reflexiones, columnas literarias. No son noticias, sino artículos cuidados, lecturas de domingo. Son gente de fiar, no piratas. Ponen enlaces a los sitios originales, buscan publicaciones abiertas e incluso han firmado contratos con Financial Times, The Economist o Foreign Affairs para poder compartir el contenido de artículos concretos a sus propios suscriptores. The Browser ha perdido dinero todos y cada uno de los ejercicios desde 2008, pero merece mucho la pena. Y cuesta apenas 20 dólares al año.

The New Yorker (online). No tengo mucho que decir que no sepáis. Me paso el día leyendo sus artículos largos, de ciencia, ajedrez, ping pong. Sobre la Guerra Fría, política americana, poetas de los que nunca habías oído hablar. Perfiles larguísimos. El contenido más trabajado y cuidado que conozco. Esencial. No da tiempo a leer un 5% de lo que publican, pero da completamente igual. Ahora tienen una oferta de 12 euros por 12 semanas.

Le Soir. Bueno, vivo en Bélgica, de algo de lo que pasa aquí me tengo que enterar, y mi flamenco es más bien escaso. No es la mejor suscripción que haya hecho, y cuando acabe creo que voy a probar con La Libre Belgique. Al menos hay acceso a la hemeroteca y puedo buscar antecedentes cuando algo pasa.

Politikon. (online) Vale, no es exactamente un medio, pero para entender nuestro mundo son de ayuda excepcional. Son amigos, así que no soy objetivo del todo. Pero son amigos porque los leo, no al revés. Me interesa lo que aportar y tienen algunas de las contribuciones más frescas e incisivas del panorama nacional. Tienen sus trabajos, pero necesitan recursos para poder seguir escribiendo, publicando, haciendo actos y teniendo libertad. Así que dona.

Revista 5W (online y papel) Obviamente aquí, como uno de sus fundadores, soy parte interesada. Pero se puede decir que estoy suscrito y que tengo motivos más que suficientes para recomendarla. En apenas unos días empezaremos la distribución del número de papel. No es exactamente una revista, sino más bien un libro. La edición es absolutamente espectacular. Os va a encantar, os lo aseguro. La idea de Revista 5w es dar salida al tipo de reportajes que nos gusta leer, pero que habitualmente leemos sólo en inglés o francés. Y el tipo de fotos y vídeos que disfrutamos, con fotoperiodistas que están entre los mejores del mundo, pero que sólo vemos en las grandes publicaciones internacionales. 5W es una revista en español, sobre todo con periodistas hispanoparlantes. Con historias, historias, historias. Largas y cortas. De todo el mundo, incluyendo (o casi especialmente) las que quedan más apagadas y perdidas. Pagando lo mejor que podemos y buscando reporteros que nos quieran escribir (lo que está siendo bastante más complicado de lo que pensábamos). Por apenas 60 euros al año te puedes hacer socio, con acceso al contenido de la web, a la newsletter y a la revista en papel, que te mandamos a casa. En buena medida, hacerse socios es hacer una apuesta. Estamos, estoy, de acuerdo en que hay que pagar por el contenido que te gusta, y aquí pedimos que pagues para poder hacer un contenido que esperemos que te guste. En la web ahora mismo hay unas cuantas historias que sirven de brújula sobre lo que queremos y lo que podríamos hacer con los recursos suficientes. Si te gusta, te esperamos con los brazos abiertos.

El Mundo. (papel y online) De nuevo hago una pequeña trampa, por razones más que obvias. Los medios estamos jodidos. No sabemos cómo ganar dinero con nuestro trabajo. Hacer un periódico es brutalmente caro, extremadamente difícil y cada día metemos la pata 100 veces. Pero creo honestamente que somos necesarios. Si esto que vemos y vivimos cada día es malo no puedo imaginar cómo sería sin medios tratando de contarlo. ¿Lo hacemos bien? No lo suficiente, es verdad. Hay muchas explicaciones, mucho contexto y pocas excusas. Pero vuelve a ocurrir con lo que decía para 5W. Si nos sentamos como sociedades a esperar a que de la nada salgan medios con recursos para cubrirlo todo y de manera brillante estamos apañados. Que haya medios (me da igual el formato) más pequeños, centrados en algunos aspectos concretos, es magnífico. Cuantos más, mejor. Más diversidad, más profundidad, más presión y movimiento.  Pero para poder llegar a todo, y creo honestamente que es fundamental llegar a todo lo mejor posible, hacen falta recursos. Muchos. Une quipo de investigación, de datos, reporteros, periodistas de la vieja escuela, SEO, gestores, jefes. Tener un corresponsal en Bruselas, en Washington, en Londres, París, Moscú, Berlín, Jerusalén, El Caido, Pekín o Rabat es o debería ser esencial. Y es carísimo, muchas decenas de miles de euros cada año.

Ahora vamos a un modelo de colaboradores, en casa y fuera. Quizás es inevitable, pero nos arrepentiremos. A mí me gusta El Mundo. No todo lo que hacemos, no todo lo que no hacemos. Cada día discrepo con decenas de páginas, columnas, análisis o reportajes. Pero el conjunto me gusta. Puede ser mucho mejor, pero para eso nos hace falta confianza. Entiendo que es complicado pagar por información, por muchos motivos. Entiendo que es duro pagar por algo que no te gusta al 100%, o por un periódico que tiene a un columnista o un corresponsal que detestas. Pero es necesario. Puedes pensar que es problema nuestro, y llevarás razón. Puedes creer que debemos encontrar la fórmula y entonces llamarte, y probablemente vuelvas a llevar razón. A lo mejor estés pensando que pedimos una confianza que no merecemos y una ayuda que no nos estamos ganando. Quizás. Pero viendo las alternativas, conociendo desde dentro el esfuerzo que lleva este trabajo, no veo mejor opción que pedirte que colabores. Que compres periódicos, pagues suscripciones y hagas una apuesta. No lo leerás todo. No te gustará todo. Pero por poco que hagas, puedes cambiar la forma en la que te contamos el mundo. Exige como lector, como suscriptor, como abonado. Pide más calidad, protesta por lo que no te guste, sugiere lo que te gustaría ver y a quién te gustaría leer. Pero paga

Volviendo al tema, creo que no me olvido de ninguna suscripción, pero no lo puedo descartar. Mis únicas dudas ahora mismo para 2016 son con The London Review of Books y el Times Literary Supplement. Son magníficos, pero no me da la vida para mucho más. Los ensayos de la LRB los estoy ahora leyendo en diferido y lo recomiendo a todo el mundo, pero voy a probar la de Nueva York y en unos meses decido.

Si tienes alguna recomendación concreta es más que bienvenida.

Scalia (1936-2016)

scalia pipa Lana Harris/Associated Press

Pasé el verano de 2005 haciendo unos cursos de Ciencias Políticas en una universidad norteamericana. Las asignaturas, de nombres neutros y genéricos como Introduction to American Politics y American Political Theory,  escondían cargas de profundidad y mucho trabajo. Mucho más del que tuve nunca en Madrid.

En una de esas clases nos pedían un ensayo semanal. Un paper corto, de máximo cinco páginas. Cada vez con una temática diferente: un bosquejo de algún miembro poco conocido del Congreso, un análisis de la génesis de una ley polémica, una reflexión sobre el impacto de un acontecimiento histórico sobre el sistema político o un ensayo sobre un magistrado del Supremo. Mi elección de ese verano, para este último paper, fue el juez Antonin Scalia, que murió el sábado a los 79 años.

¿Por qué Scalia? Seguramente por el impacto de Supreme Confidence. The jurisprudence of Justice Antonin Scalia, el brutal perfil que Margaret Talbot publicó en The New Yorker pocos meses antes. Por su peso, su carácter. Porque a veces, como ha escrito un biógrafo suyo, el Supremo parecía el tribunal de un solo hombre.

El Tribunal Supremo norteamericano siempre ha ejercido una poderosa atracción. Una institución casi hermética en muchas cosas y tan abierta y transparente en otras. Supongo que, como tantos otros, yo llegué a ella, a su relevancia, a través de Oliver Wendell Holmes. Y probablemente llegué a Wendell Holmes a través de esa maravilla de libro que es El club de los metafísicos, de Louis Menand, que la relata la época de los John Fiske, Francis Ellingwood Abbot, Charles Peirce, Nicholas St. John Green y desde luego William James.

En ese curso de verano leí en profundidad sobre el Supremo, sobre la importancia dentro del sistema político norteamericano, sobre los debates del Senado. Sobre cómo en 1803 John Marshall, presidente del Tribunal, en un gesto histórico, convirtió la disputa entre el nuevo vicepresidente del país (Madison) y un juez nombrado por el Gobierno saliente de John Adams (Marbury), en una forma astuta de convertir al Supremo, tribunal de última instancia, también en Tribunal Constitucional.

En 2005 Scalia llevaba casi 20 años como juez del Supremo, y era, intelectualmente, el más interesante y estimulante de todos los magistrados. Fue nombrado por Reagan y era la figura más poderosa del originalismo, que, muy simplificado, es una teoría y una forma de analizar la Constitución, y en consecuencia de ejercer como magistrado, sobre el significado original de la Carta Magna. Sobre lo que pone y lo que quisieron hacer los redactores. Para bien o para mal. ¿Algo está obsoleto porque han pasado dos siglos y medios? Pues quizás, pero si quieren que yo interprete la Constitución de otra manera, cambiénla. Hasta entonces, decidiremos con lo que hay, venía a decir.

“Words do have a limited range of meaning, and no interpretation that goes beyond that range is permissible”, una frase que resume perfectamente su cosmovisión legal.

supreme courtEsta foto la hice en una de las visitas al Supremo, hace cuatro años.

Hay una enorme, inabarcable, bibliografía para entender el Supremo y a Scalia. En 2008, Jeffrey Toobin publicó The Nine: Inside the Secret World of the Supreme Court, que es un relato magnífico e interesantísimo. Una aproximación idea para los que no somos expertos ni abogados. Un trabajo periodístico de primer nivel, incluso mejor que el entretenidísimo The Brethren: Inside the Supreme Court, de Woodward y Scott Armstrong. De obligada lectura para entender la institución y sus tentáculos. Su independencia y todas sus dependencias.

Piensen en el Supremo como un órgano indispensable, formado por nueve magistrados con cargo vitalicio. Los nombra el presidente del país, pero deben recibir la aprobación del Senado. Y por eso las batallas han sido, son y serán feroces. Obama ha dejado claro que pese a estar en sus últimos meses va a hacer un nombramiento, pero el control del Senado no es Demócrata así que va a tener serios problemas para obtener luz verde a un candidato. Pero una vez elegidos, ya no responden ante nadie. No son cesados, ni reciben presiones políticas. Y aunque las reciban, no sirve de nada. Cuando toca decidir si una ley es constitucional o no (desde la pena de muerte al aborto pasando por el derecho a portar armas o el matrimonio homosexual), todo queda en última instancia en las manos de esas nueve personas. Un poder inmenso.

Irónicamente, y a pesar de sus probadas credenciales conservadoras, el senado votó 98-0 a favor de Scalia en el 86. De hecho, un más joven Joe Biden, ahora vicepresidente de Obama y entonces responsable del Comité Judicial del senado, afirmó en 1993, duante las audiciencias para la confirmación de Ruth Bade Ginsburg, la candidata de Clinton para una vacante abierta, lo siguiente: “the vote that I most regret of all 15,000 votes I have cast as a senator” was “to confirm Judge Scalia” — “because he was so effective”.

Elegir un candidato (cuando mueren o se jubilan) es una oportunidad que todo presidente trata de aprovechar al máximo, porque puede romper o cambiar un equilibrio entre las fuerzas ‘progresistas y conservadoras’, si me permiten la frivolidad.

Un ejemplo: hasta la muerte de Scalia el tribunal lo formaban él mismo (conservador, nombrado por Reagan), Clarence Thomas (conservador, George H. W. Bush  ), John Roberts (conservador, George W. Bush), Samuel Alito (conservador, George W. Bush), Ruth Bader Ginsburg (progresista, Clinton), Stephen Breyer (progresista, Clinton), Sonia Sotomayor (progresista, Obama), Elena Kagan (progresistta, Obama) y Anthony Kennedy, nombrado por Reagan y que es el swing vote en buena parte de las decisiones de 5 vs 4, alineándose a un lado u otro dependiendo del caso.

En la práctica, cuatro a un lado, cuatro al otro y uno, como en el pasado Sandra Day O’Connon, oscilando y siendo el elemento clave.  Llevando la reducción casi hasta el absurdo, el aborto es siempre el elefante en la habitación. Roe v. Wade es EL CASO, lo que siempre planea de fondo al nombrar jueces y debatir. Después, armas, derechos civiles y financiación de partidos.

Obama lo tiene complicado, pero mirando los datos desde el año 1900, cuando le toca a un presidente hacer un nombramiento en año electoral, pese a todo, lo suele acabar logrando.

Toobin,  periodista de The New Yorker, escribió el domingo sobre cómo Scalia cambió para siempre el tribunal: How Scalia Changed the Supreme Court.Lo pone al nivel de Marshall, Wendell Holmes o Brennan. Explica cómo cuando llegó en 1986 la corriente dominante de interpretación constitucional era la living Constitution y cómo él logró meter el originalismo y reforzarlo.

Scalia fue mucho más importante por sus opiniones en solitario, discrepando, que en las mayorías. El célebre y siempre interesante juez Posner es igual de tajante: “(…)Scalia, because he is a “character.” He is also the most influential justice of the last quarter-century, his influence ramifying far outside the Court; but that is not the basis of his media celebrity”.

Es cierto, dice Toobin, que Scalia nunca logró la mayoría que ansiaba en los temas que más le podían preocupar, como el aborto o poner más limites o terminar con la affirmative action. Pero su enorme presencial intelectual sirvió para que el textualismo sea ahora algo asumido por muchos magistrados. Así como el originalismo es polémico y marginal en la Corte, al menos ahora, el textualismo, en el sentido de que “al interpretación la Ley, el Tribunal no debería mirar a la historia legislativa o las ‘intenciones’ de los legisladores, sino a las palabras de la ley y nada más”, no.

Scalia, brillante alumno y respetado profesor, era conservador y un devoto católico “and being a devout Catholic means you have children when God gives them to you, and you raise them”. Y por eso tuvo nueve. Sus opiniones en general dan muestra de ello y nunca se escondió: ““I don’t like scruffy, bearded, sandal-wearing people who go around burning the United States flag. He is a very conservative fellow”, decía de sí mismo en tercera persona.

De la vieja escuela, religioso, amigo de Republicanos como Dick Chenney. Tenía sus ideas políticas clarísimas y nadie podía llevarse a engaño, tras trabajar en las administraciones de Nixon y Ford. Un historial, una ideología y unas preferencias que no le impidieron, por mucho que le doliera, votar en 1989 en contra de criminalizar la quema de la bandera del país, algo que veía como claramente protegido por la Primera Enmienda. O ponerse de parte de los acusados cuando hay dudas en la redacción de un texto.

Adam Liptak (ojo a Liptak y su carrera antes de empezar a cubrir el Tribunal Supremo) ha escrito su obituario en The New York Times, del que he sacado algunas de las citas anteriores.

Scalia sabía ser agresivo, incisivo, hiriente, faltón. En sus comentarios y en las sentencias. Sobre sus rivales y sus potenciales aliados, sin morderse la lengua. Cuando escribía las opiniones de la mayoría o cuando publicaba su voto separado en minoría. Era arrogante y complicado. Feroz con los cercanos pero amable con los becarios. También era divertido, el más divertido de todos los jueces, según un estudio académico que midió el número de carcajadas durante las audiencias orales.

Scalia estaba más pendiente más de las ideas que de los apellidos que las respaldaban.Hasta el punto de pedirle, de forma indirecta, a Obama que mandara a alguien mucho más a la izquierda para ocupar un asiento a su lado, según asegura David Alexrod.

Supreme_Court_US_2010

Fue amigo íntimo de Ruth Ginsburg, la más izquierdista de todas las jueces del Supremo, con la que pasaba Año Nuevo y se iba de viaje o a la ópera, su gran pasión. Ella emitió un comunicado el fin de semana en su memoria:

Toward the end of the opera Scalia/Ginsburg, tenor Scalia and soprano Ginsburg sing a duet: ‘We are different, we are one’ different in our interpretation of written texts, one in our reverence for the Constitution and the institution we serve. From our years together at the D.C. Circuit, we were best buddies. We disagreed now and then, but when I wrote for the Court and received a Scalia dissent, the opinion ultimately released was notably better than my initial circulation. Justice Scalia nailed all the weak spots—the “applesauce” and “argle bargle”—and gave me just what I needed to strengthen the majority opinion. He was a jurist of captivating brilliance and wit, with a rare talent to make even the most sober judge laugh. The press referred to his “energetic fervor,” “astringent intellect,” “peppery prose,” “acumen,” and “affability,” all apt descriptions. He was eminently quotable, his pungent opinions so clearly stated that his words never slipped from the reader’s grasp (…) It was my great good fortune to have known him as working colleague and treasured friend”

Cass R. Sustein, amigo cercano, ha escrito sobre él en Bloomber View: The Scalia I Knew Will Be Greatly Missed. Evoca su humor, su cercanía, su generosidad. Su amor profundo por la Constitución y el Imperio de la Ley. Asegura que está entre los tres mejores escritores que ha tenido el Tribunal, y de los más profundos. Capaz de titular un ensayo The Rule of Law as a Law of Rules y arrancarlo con citas de Paine y Aristóteles (por cierto, merece la pena leerlo)

En el NYT, Highlights From Justice Antonin Scalia’s Opinions, párrafos que dan contexto a sus ideas. Incluyendo el caso más famoso, la sentencia de 2008 de Columbia vs Heller que sirve de base una poderosa interpretación de la Segunda Enmienda y el derecho a llevar armas. En Politico, The 11 most memorable Scalia quotes.

Talbot, que lo conoció bien, reflexiona ahora sobre su legado en Postscript: Antonin Scalia, 1936–2016, donde cuenta sus conversaciones con él, una cercanía que le sorprendió y destaca la relevancia de su obra en la sombra.

Robert Shapiro es más crítico y tiene un enfoque interesante: Scalia estaba más interesado en ser un líder que en tener seguidoers: Justice Antonin Scalia: more quotable than influentia.  “Scalia’s victories were limited. His style did not always ingratiate him with potential allies on the court. He did not mince words, and he attacked the opinions of other justices, liberal and conservative alike, with unusual ferocity”.

Para Shapiro, que trabjó con Stevens en el Supremo y conoció por dentro a Scarlia, “he changed how advocates and judges talk about statutes, but not how they ultimately interpret them”. “His lasting influence will be found in admirers off the court, not in adherents on the bench. He was the champion of a movement that achieved many of its goals but did not succeed in fundamentally reshaping the law in the United States.”

Pase lo que pase ahora, tanto si Obama logra un sustituto como si no, el tribunal se va a escorar hacia la izquierda. Es poco probable que alguien de un perfil tan marcado y con tanta personalidad pueda llegar al Supremo a corto plazo. Que alguien tenga tanta fuerza y una visión legal tan personal.

History is a gallery of pictures in which there are few originals and many copies, dijo Toqueville. Scalia era uno de los originales, y valga el juego de palabras. La fuerza de su legado la vamos a poner a prueba a partir de ahora. Obama tiene la pelota.