“He visto las mejores mentes de mi generación destruidas por la locura, histéricos famélicos muertos de hambre arrastrándose por las calles, negros al amanecer buscando una dosis furiosa, cabezas de ángel abrasadas por la antigua conexión celestial al dínamo estrellado de la maquinaria de la noche, quienes pobres y andrajosos y con ojos cavernosos y altos se levantaron fumando en la oscuridad sobrenatural de los departamentos con agua fría flotando a través de las alturas de las ciudades contemplando el jazz”. 

El inicio de Howl (Aullido), el poema de Allen Ginsberg, siempre me ha encantado. Uno de los más poderosos que conozco. Luego, el poema se empieza a diluir y hacer muy pesado. Aquí, en inglés.

Gracias a Maria Popova he descubierto la primera grabación que se hizo del propio Ginsberg leyendo su obra. Para mitómanos.

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